Fue al bosque, encontró un buen árbol, lo cortó y fraccionó, para luego depositar varias piezas en la hoguera aún ardiente. Atlético Nacional no para de alimentar el fuego, ni de entregar noticias -no muy positivas para sus hinchas- tras el repentino cambio de mando en la presidencia, oficializado el viernes con el adiós de Emilio Gutiérrez y la protocolaria bienvenida institucional de Mauricio Navarro.
Sí, protocolaria bienvenida por parte del club y nada más, porque afuera, los hinchas recibieron el cambio como una cachetada más de la Junta Directiva a la pasión por el equipo. No tanto por el saliente, sino por el entrante. El nombre de Navarro generó rechazo inmediato, como no se veía desde la época de Andrés Botero o Ruben Darío Zapata; un ambiente hostil propiciado por el propio dirigente luego de maltratar a Macnelly Torres en la pretemporada del 2018 que lo llevó a la luz pública, pues hasta entonces pasaba totalmente desapercibido.
Así, con gran parte de la opinión en contra, el club aún más dividido internamente y distanciado cada vez más de su principal activo y el equipo en un altibajo de resultados que tienen a Herrera en la cuerda floja, Mauricio Navarro asumirá el cargo el próximo jueves.
Esto es lo que le espera al nuevo presidente de Atlético Nacional. Los desafíos, misiones y objetivos que tendrá por delante, a cargo del club más importante y a su vez exigente del país, que por diferentes circunstancias, ya ha cobrado cuatro cabezas en los últimos cinco años.
Darse a conocer, cambiar o mejorar la percepción que tiene el hincha de Nacional sobre su nombre, es el primer ítem a desarrollar a profundidad por parte de Navarro para quien escribe. El presidente de Nacional es una figura pública, de altísimo alcance a nivel local e importancia a nivel internacional, que por lo mismo no puede estar más tiempo en las sombras del anonimato. Incluso ahora, tras su ascenso, muchos aún se preguntan quién es, pues ni la cara le han visto alguna vez o su apellido no tiene recordación alguna pese al incidente con Torres.
También, en procura de que todo vuelva a fluir de buena manera y se reconstruya la comunión, debe restablecer las relaciones con la hinchada, representada en sus barras organizadas de las diferentes tribunas y que hasta hace un par de meses, trabajan en conjunto con el club por el mejoramiento de muchos procesos internos, iniciativas y proyectos para el beneficio de todos. Hay que devolverle el lugar que merece el hincha, mínimamente, considerando su voz.
El hincha hoy ve a Atlético Nacional, en el sentido de club e institución, como un organismo apático, distante y poco atrayente, en parte por la acérrima defensa de la "institucionalidad" que fue en contra del proyecto deportivo y echó a la basura los frutos que tardaron cinco años en cosecharse. Hoy, exactamente dos meses después del título 17, se volvió común leer al aficionado renuente a estar al día con la actualidad del equipo, saber qué pasa en lo deportivo, e incluso, asistir al estadio o ver los partidos en televisión. No hay error más fatal para un club que perder a su activo más importante, porque los dueños podrán tener cientos de millones de dólares en sus cuentas bancarias, pero sin hinchada o con ella distanciada, un club es pobre y miserable. No hay club sin su gente, sin sus dolientes y cambiar toda esta recepción actual debe ser un eje de la nueva administración para que sea exitosa.
La misión va de la mano de los objetivos y como bien decía el comunicado de presentación de Navarro, todo tiene que apuntar al "fortalecimiento institucional para seguir haciendo del club un referente en el mundo deportivo". Hoy Atlético Nacional está llamado a ser claro y directo respecto a sus planes para el corto, mediano y largo plazo. Sí, se sabe que su historia le exige ser campeón de Liga y Copas locales de manera recurrente, por no decir que hegemónica, y desde ahí proyectar la competencia internacional, pero los medios para llegar a tal éxito hoy no son para nada claros.
La experiencia reciente dicta que las épocas más gloriosas vinieron precedidas de la inversión inteligente de los recursos -en todas sus formas: económicos y humanos- y que cuando esta falló, el fracaso siempre tocó a la puerta. El proyecto deportivo debe ser claro en cuanto a nombres encargados de liderarlo en plazos previamente establecidos: presidente, gerente deportivo (si es el caso), director técnico y referentes del plantel, así como respaldado por la inversión para poder desarrollarlo. Y esa es una incertidumbre mayúscula en la actualidad.
¿Atlético Nacional será un club cantera/vendedor únicamente o habrá un sano equilibrio con la inversión en nombres capacitados para el proyecto? ¿Hay alguna pizca de pasión y sentido de pertenencia en el negocio o solo manda el metal y el beneficio que traiga para los dueños? ¿La institucionalidad está por encima de todo y todos o aún queda vivo alguno de los valores humanos que nos han caracterizado? Apenas tres, de mucho cuestionamientos más que nos estamos haciendo al ver cómo las decisiones siguen llegando sin tener un Norte claro, mientras la 'empresa' se sigue devorando a la pelota.


