CuandoLuka Modric encorvó su pequeña figura para armar un disparo que salió teledirigido a la escuadra de la portería de Marchesín, se acabó la historia. El croata, con ese gesto tan suyo al golpear la pelota, ponía al Madrid por delante y sofocaba el empuje de un Celta que incomodó al Real durante muchos minutos de la primera mitad. LM10 le puso la anestesia al equipo de Coudet.
Tras salir de la caseta, en una imagen inédita la noche de este sábado en el estadio de Balaídos, porque los equipos no salieron de la mítica bocana que engullía jugadores detrás de una portería como ha sido siempre, el Celta ya no fue tan fogoso.
La vacuna del jugador croata había hecho efecto. No le importó no tener detrás a su Sancho Panza, el fiel escudero que lo ha acompañado y escoltado por toda Europa en los últimos años para levantar cinco ‘Orejonas’. Modric volvió a coger la batuta para dirigir otra sinfonía en la Liga española. Esta vez, con Tchouameni, con todas las lupas sobre él, y Camavinga en los graves de la orquesta.
El Celta se paró a protestar una mano de Militao dentro del área blanca que el árbitro no consideró punible. En tanto, la pelota llegó a los pies de Luka, que dio carrete a Vinicius con toda la autopista por delante. Un hombre nuevo en la definición el brasileño, que hizo el tercero servido en bandeja de plata.
Tras el cuarto de Valverde, Ancelotti mandó a Modric guardar la batuta hasta un próximo concierto. Pero lo que sonaron fueron los aplausos de Balaídos, en pie ante el croata.
Carlo Ancelotti, cuestionado en la sala de prensa por la actuación del ’10’ del Madrid, no dudó: “Inmortal. Inmortal”, decía negando con la cabeza el italiano.
Sin Casemiro, hoy también sin Kroos, el Madrid tiene al genio de Zadar, donde de pequeño escapó de las bombas de la guerra de los Balcanes, y ahora parece que escapa del paso del tiempo. Inmortal.

