EDITORIAL
Luis Suárez está aunque no se le vea. Como cualquier camarero en uno de los locales más exclusivos del mundo el uruguayo no puede permitirse un mal día y, a sabiendas de que a él más que a nadie se le juzga por los goles en los que participa por la simple naturaleza de la posición que ocupa en el campo, a falta de redes buenas son asistencias. Ante el Alavés esta improvisada máxima brilló en toda su grandeza pues a pesar de protagonizar un partido más bien discreto a todos los niveles el delantero se despidió de 2019 con tres asistencias y un gol.

Es decir, Suárez participó en todos y cada uno de los goles que metió su equipo y se convirtió en el primer jugador que reparte tres asistencias en un solo partido esta temporada. Empezó poniendo un centro desde la derecha para que Antoine Griezmann abriera la lata por sexta vez y en la última acción del primer tiempo todavía le pondría un balón a un Arturo Vidal que fusiló para establecer el 2 a 0. Fueron dos fogonazos que culminaron en dos goles porque si en algo destacó el Barcelona en su última puesta de largo del año fue en la eficacia de cara a puerta, y lo mismo vale para el charrúa.
De hecho, contar como asistencia el pase a Messi que supondría el 3 a 1 puede parecer exagerado porque se limitó a dársela al rosarino para que se sacara un golazo de la chistera. Pero sí, fue él quien se la dio. Quien sabe si por eso Messi le devolvió el favor permitiéndole tirar el penalti con el que el Barcelona cerraría la goleada al Alavés aunque Suárez no se despidió del todo contento del partido, algo que ni disimuló al ser sustituido a falta de cinco minutos para el final por Carles Pérez. Ni miró a Ernesto Valverde mientras se dirigía al banquillo. Por lo menos para los compañeros sí estuvo.
