Instalarse en la élite es más complicado que llegar puntualmente, de eso sabe mucho el Real Betis que ya ha experimentado diferentes etapas donde ha conseguido incluso tocar plata pero bajar a los infiernos de la Segunda división. El fútbol está hecho para darle alegrías al aficionado. No se puede entender de otra forma, y la máxima de las satisfacciones que se puede llevar el abonado que paga religiosamente cada año, para tener ilusiones y esperanzas, es poder llevarlo a una final y ganarla. Uno de los retos que tiene por delante el club de las Trece Barras.
El reto de estar este año en una final se muestra apasionante, y resulta indiferente cuál sea la competición de las dos en las que se encuentra inmerso en la actualidad el conjunto verdiblanco. Lógicamente, la de más prestigio, y la preferida, es la Europa League, que además tiene el ‘sexapil’ de disputarse la final en el Ramón Sánchez Pizjuán. Con todo lo que ello conlleva por la eterna rivalidad con el Sevilla FC. Ganar una final en la casa rojiblanca, del torneo fetiche de los de Nervión, a buen seguro es uno de los deseos que más de uno le pide al 2022. El camino no es fácil, el Zenit aguarda en una eliminatoria que no es insalvable aunque sí complicada. Pero es que el momento de forma verdiblanco y el estado al completo de la plantilla invitan a pensar en grande. El exitoso 2021, tanto estadístico como en dinámica de juego, han hecho del Betis de Manuel Pellegrini un equipo solvente, capaz de ganarle a rivales directos y sobre todo de tener una sensación que pocas veces se ha tenido por Heliópolis: sentir que puede ganar cualquier partido. Pase lo que pase en el encuentro, el Betis siempre tiene opciones de ganar el choque. Esa es una característica principal de los equipos que consiguen cosas grandes.
Después está la Copa de Rey. Un torneo amado por el aficionado. La fortuna de los cruces marca mucho el devenir de este torneo, al mezclarse con la situación que vivan determinados equipos en otras competiciones, pero ahora mismo el cuadro de La Palmera es temido. Es el tercero de la competición, infunde respeto y su caminar es sólido. Su próximo rival es el Real Valladolid, asequible a todas luces, más si cabe con la política de rotaciones que está proyectando el chileno en el grupo, pero si en algo se caracteriza este torneo es en las sorpresas que depara. Este reto puede resultar, a priori, más alcanzable, más rápido y sería de satisfacción plena.
Por último está LaLiga, esa competición en la que casi finalizado el primer tramo de la temporada el Betis se encuentra en la ya mencionada tercera posición. En nada más y nada menos que en puestos de Europa Champions League, la competición del himno que nada más se entonan las primeras notas pone los pelos de punta en cada estadio. La competición de los grandes, sí, pero igualmente la que le daría un tremendo impulso a las arcas tan mermadas de una entidad que necesita ingresos importantes.
El gran objetivo verdiblanco, como institución, es estar en Europa el año que viene. No le queda otra posibilidad para seguir creciendo. Es la única manera que existe. Que ahora mismo ostente la tercera plaza no resulta de obligado cumplimiento a final de temporada. Su presupuesto no marca esa lucha en la que se encuentra metido y por tanto no debe ser una decepción caer de ese puesto. Pero repetir plaza en la Europa League es el verdadero reto del Betis este año. Acumular temporada tras temporada teniendo presencia en el viejo continente y crear un poso importante en lo futbolístico pero también en lo económico. Crecer como club. Ese es el reto que tiene el Betis por delante y el que ha marcado Manuel Pellegrini desde su llegada.
Si llega una final, será celebrada; si llega la Liga de Campeones, será el premio gordo de la lotería. Pero el reto que debe llegar es el crecimiento de la entidad, y eso se consigue estando siempre en Europa.


