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Iñaki Williams Athletic ClubGetty

Los kilos de Iñaki Williams

La última presencia de Iñaki Williams en el campo ha vuelto a eliminarlo momentáneamente de la ecuación de la polémica del Athletic. Una circunstancia que tanto el equipo como el club van a agradecer de cara al partido contra la Real Sociedad que se va a disputar en Nochevieja. Un paréntesis que tendrá una duración mayor o menor en función tanto de su desempeño contra los donostiarras, como del resultado que logren los leones en ese encuentro.

Al igual que sucede con el resto de condimentos que conforma el guiso del fútbol y sus alrededores, no todos los aficionados rojiblancos tienen a Williams en el punto de mira de sus críticas. De hecho, no son pocos los que aseguran que el decreciente rendimiento del dorsal 9 del Athletic en los últimos dos años, tiene que ver con la incapacidad de Garitano para que el equipo juegue como la Pantera necesita para lucir.

Sea como fuere, durante la última semana los kilos de Williams han sido uno de los chascarrillos más comentados entre los que están más pendientes de la actualidad de la entidad de San Mamés. Un asunto, el del peso de los jugadores, que es casi tan antiguo como el propio fútbol.

El verano de 1960 el técnico brasileño del Athletic, Martim Francisco, se las tenía tiesas con parte de su plantilla a causa del mal estado físico de alguno de sus componentes. Bilbao aún se hallaba en estado de shock por el traspaso de Jesús Garay al Barcelona, pero el preparador de Minas Gerais se centraba en el resto del plantel. No en vano, había repartido siete cartas de advertencia a otros tantos futbolistas por encontrarse en un estado físico inadecuado para competir.

En el septeto de los señalados se encontraban figuras de la talla de Maguregui, Mauri, Eneko Arieta y Koldo Aguirre. Lo de Maguregui debía de ser tan evidente que el entrenador se negó a incluirlo en la convocatoria que viajaría a Cádiz para disputar el Trofeo Ramón de Carranza. El Athletic de la 60/61 se encontraba a las puertas de comenzar el campeonato liguero y el exceso de kilos de un tercio del primer equipo se presentaba como un serio problema para Francisco.

Como en el caso de Arieta, Maguregui o Mauri, la historia del Athletic siempre ha contado con futbolistas que han superado las cifras deseables al subirse en la báscula y no por ello han dejado de triunfar en el club. Ejemplos como los de Fidel Uriarte, al que tanto le costaba mostrarse fino en los comienzos de temporada, o de Agustín Guisasola, cuya curva de la felicidad no le impidió contribuir de manera notable a los logros del equipo, aún permanecen en la retina de los aficionados más veteranos.

Pero los kilos de Williams no tienen que ver con los anteriormente referidos. No son el producto de un cierto abandono o de una propensión natural a engordar. Los últimos comentarios sobre el peso del delantero bilbaíno hacen referencia a los siete kilos de músculo que ha ido ganando en los últimos ejercicios para poder desempeñarse mejor en la posición de ariete. Esa musculatura extra que, en buena lógica, debería permitir que un jugador fibroso y longilíneo como Williams se adaptara más adecuadamente a la constante pelea que el delantero más avanzado de un equipo tiene que librar con los centrales rivales.

De Iñaki Williams hemos ido conociendo con cuentagotas algunas de sus preferencias, fundamentalmente en las entrevistas que ha concedido en determinados programas televisivos de éxito. Así, en su visita al Hormiguero se sinceró para afirmar que “entre semana me cuido bastante. Cuando ganamos y hay fiesta me pego atracones. Mi novia dice que como la hostia. No me suelo privar porque entrenamos mucho y lo quemamos. Mi plato favorito es el arroz de mi madre con huevo y salchichas”. A lo que no tuvo ningún problema en añadir que “¿a quién no le gusta salir y a veces desfasar con los colegas? Soy de ron cola, me gusta, un básico. Ron cola, un cubata, otro y luego otro”. Nada particularmente distinto a muchos de los jóvenes de su edad.

Sin embargo, sería injusto utilizar las palabras de la Pantera para mostrarlo como alguien despreocupado por su cuerpo y su profesión. Tanto es así que además de someterse al plan de musculación ya mencionado, fue el propio Iñaki el que el pasado mes de octubre confesó en rueda de prensa cómo atiende su físico hoy en día: “es cierto que estoy trabajando con la dietista del club, y con otro dietista, ellos se ponen de acuerdo. Tengo un cocinero particular que va a mi casa, trabajo en el gimnasio y pongo todo de mi parte para sentirme mejor y ponerme a tono físico tras la cuarentena. Ahora me encuentro genial de peso y pliegues, y aunque me quedan aspectos por corregir, estoy genial”.

La cuestión es que los kilos que Williams ha ido incorporando durante los pasados meses han sido objeto de escrutinio por parte de la afición dado que con la llegada de Villalibre al centro del ataque, Iñaki se había visto devuelto a la banda derecha. Un lugar en el que su nuevo chasis le restaría movilidad, velocidad y facilidad para el uno contra uno. Un asunto tan complejo que aunque no se puede despachar en tan solo unas líneas, parece lógico que sea pasto del debate entre la hinchada rojiblanca. Al fin y al cabo, lo que suma para un puesto más estático en el campo, se antoja lógico que debería ser un gravamen para otro de mayor dinamismo.

Lo que ocurre es que tras la baja de Villalibre en La Cerámica, Williams volvió a ocupar la punta de lanza del ataque y, por si fuera poco, Gaizka Garitano se refería a su posición de ariete como “en la que él mejor sabe jugar”. Una afirmación que no ha pasado inadvertida para la legión de seguidores que no ven a la Pantera como el delantero centro que necesita el equipo, vista su escasa producción goleadora y los limitados rudimentos del oficio de ariete que ha mostrado en los últimos dos años.

Queda por ver si con el regreso del Búfalo de Gernika Williams será colocado en la derecha o si tras su rendimiento en Villarreal continuará en la punta. En cualquier caso, de la productividad que sea capaz de ofrecer dependerá que se siga la pista de esos kilos o de los de su nómina, que estos sí, son materia constante de conversación cuando la producción ofensiva del Athletic no acompaña.

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