Marcelino García ToralGetty

Los dos caminos de Marcelino

Firma Lartaun de AzumendiGoal

El fútbol es pasión en una buena parte pero también es negocio y, aunque muchas veces se olvida, es además el modus vivendi de miles de profesionales de primer nivel cuyas carreras se valoran pecuniaramente muy por encima de las del común de los ciudadanos. El futbolista y el entrenador de élite conocen, según los casos, la brevedad o la volatilidad de su ocupación entre la privilegiada minoría a la que pertenecen.

Por eso no tiene sentido aplicar determinados parámetros de aficionado de grada a los análisis sobre algunas cuestiones que tienen que ver con cómo se maneja un profesional en el día a día de su club. Me explico. Al igual que una entidad deportiva puede atender la actualidad mientras dedica tiempo a seleccionar profesionales pensando en el futuro, un jugador o un técnico preparan el siguiente partido y dedican parte de su tiempo a diseñar su porvenir. Y no pasa nada, porque todos en la vida nos sabemos capaces de conjugar las obligaciones del ahora con las proyecciones del mañana.

Comprender cómo funciona el ser humano ante un mercado tan complejo y particular como el del fútbol, requiere ponerse en los zapatos del otro. Una vez llevado a cabo ese ejercicio, aceptar evidencias concretas resulta más sencillo.

Es el caso de Marcelino, al que lógicamente apuntan algunos de los dardos de la crítica y la afición en las últimas fechas. Le acusan de inmovilista, de obcecado, de no atreverse a reemplazar a los veteranos, de aplicar siempre la misma fórmula con independencia de cuáles sean los problemas... En definitiva, en Bilbao está sucediendo algo que es más viejo que el hilo negro: se comienza a disparar al entrenador, una vez asumido por la mayoría que a la plantilla le falta la calidad suficiente para menesteres más lustrosos.

Al técnico de Careñes se le pide que apueste más por los integrantes de la buena camada de cachorros que desde hace un par de años viene trufando la primera plantilla rojiblanca. Desde la grada, desde el sofá de casa o desde la tribuna de prensa se le comienza a exigir al asturiano que se sacuda el polvo y que mueva ficha, que con lo presentado hasta la fecha no alcanza.

El problema es que pensar en que Marcelino estaría dispuesto en darle la vuelta al calcetín es no conocer quién es, o no recordar quién llegó al Athletic pocas horas después del último día de Año Nuevo. Las numerosas experiencias previas de MGT muestran que no es un entrenador convencido de la cantera sino alguien que apuesta por competir por encima de todo. Siempre que ha elegido a un canterano y lo ha colocado junto a los veteranos ha sido porque alguno de estos le ha fallado. Porque para ganar no le bastaba con lo que tenía. Y así, hasta conseguir que el club en el que se encontraba le procurara un relevo vía mercado (en el Athletic ya ha visto que por ahí tiene poco o nada que hacer), ponía al canterano bajo el foco de las grandes citas.

La cuestión ahora mismo es que al igual que Ibaigane trabaja de cara a la próxima temporada, Marcelino hace lo propio para sí y para el numeroso plantel técnico que lo acompaña en la aventura bilbaína. ¿Quiere eso decir que en el Athletic han dejado de lado el hoy para fijarse solo en el mañana? Evidentemente, no. Como tampoco lo ha hecho el asturiano. Lo que sucede es que este sabe perfectamente que con los mimbres con los que cuenta no va a poder presentar una hoja de servicios más lucida en el campeonato liguero, que es por lo que los distintos clubes que pudieran estar interesados en él le podrían medir a final de temporada. Sin embargo, convirtiendo al Athletic en un equipo muy difícil de batir –sabiendo como sabe el mercado que los leones en ataque son un cero a la izquierda–, su desempeño será muy valorado por las direcciones deportivas que busquen un recambio en sus banquillos.

Marcelino, estoy convencido, tiene entre ceja y ceja la Supercopa, la Copa y hacer del Athletic un castillo inexpugnable en Liga. Tiene la certeza de que no hay más cera que la que arde, que el camino que ha escogido es el único realista para el club, y para su futuro y el de su equipo de colaboradores. Hará, seguramente, algunos cambios para ver cómo le resultan, pero que nadie espere nada llamativo. Al fin y al cabo, para lograr sus objetivos necesita un vestuario sin sobresaltos, como el que tiene. Por esa vereda va a continuar transitando el entrenador, pensando en el Athletic y en Marcelino. En ambos caminos.

Lartaun de Azumendi