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Diego SimeoneGetty Images

La realidad del Atleti, Reinildo y las mandangas

Hay cosas que no cambian nunca. Son inevitables. La cuota de autónomos, el trimestre del IVA, los impuestos y la muerte. Luego está el mercado del Atleti. Cegado por el fulgor del cromo caro, el personal que se creyó, tragó y compró el embuste de “la mejor plantilla de la historia” - lleva publicándose eso desde la época de los dinosaurios-, y ahí sigue. Quieren nombres. Y los exigen, piden y demandan con furia, como si no hubiera quedado ya muy claro que el Atleti no necesita nombres, sino hombres. Después de golpearse contra el suelo y descubrir que una cosa es coleccionar cromos caros y otra que el equipo funcione, después de que el campo haya demostrado que el Atleti es pelea y no constelación de egos, después de que el tiempo haya dejado claro que el Atleti no es ni puede ser el Madrid o el Barcelona, porque heredará sus problemas, el personal sigue confundido. O peor, quiere seguir viviendo en una mentira, aunque tenga las patas muy cortas.

Se va Trippier por voluntad propia y lejos de preguntarse sobre si la dirección deportiva tiene un recambio de garantías negociado, se pone el acento en si él quería irse o quedarse. Llega Wass por una cantidad mínima y lejos de plantearse si es lo que necesitaba el equipo, se prefiere hacer juegos de palabras. Y llega un lateral izquierdo con fama de buen defensor y la gente, sin esperar a ver ni siquiera cómo juega, opta por echarse unas risas con el nuevo refuerzo. Es el pecado de llamarse Reinildo, de tener una apellido como Mandava, de tener tiempo libre y de aplicar el ingenio para centrar el asunto en si el chaval nació en Maputo o poner el acento en que el equipo está comido por servido, porque se va “Tripi” pero llega “Mandanga”.  Que no falte jamás el sentido del humor. Lo curioso es la relación inversamente proporcional entre los chascarrillos y la nula capacidad para leer entre líneas el escenario en el que se mueve el club.

En los últimos diez años, todos con Simeone, el Atlético, que no suele proporcionar cifras oficiales de sus compras y ventas, porque se ampara en la confidencialidad de los acuerdos, sigue tratando de cumplir, a rajatabla, un equilibrio entre inversiones y desinversiones, digno de un funambulista. Según los datos que maneja quien esto escribe, el Atleti ha invertido en fichajes 1.002 millones de euros, por 944 recibidos en ventas. La primera cifra la usarán los cortesanos de la indigencia mental, los que supuran bilis con aquello del “equipo del pueblo” y los que se pasan la vida escribiendo lo buenos que son los padres salesianos, porque les llevan de excursión. En cambio, la relación entre lo gastado y lo recaudado refleja una realidad de la que nadie habla. La media de inversión neta del Atleti a lo largo de estas diez temporadas no llega a los seis millones de euros. 

Mientras el personal se sigue echando unas risas porque uno se llama Reinildo y cuando se va “Tripi” llega “Mandanga”, nadie cae en lo fundamental. Mientras se ve como un éxito retener jugadores en vez de contratarlos, nadie quiere ver la realidad. Con una inversión neta media de 6 “kilos” por año y condenado a vender para poder comprar, a Simeone le piden que gane la Liga, la Champions, la Copa, la Supercopa, la NBA, el Open de Australia y el Másters de Augusta. Y si no lo hace, es un fracaso. Que Pablo siga vendiendo Motos. Para qué comparar con la inversión neta de los competidores del Atleti en España. O en Europa. Mejor hacer chistes de Reinildo y pedir la dimisión de Simeone, que es gratis. Mejor creer que se va a fichar a Vlahovic, a Mbappé y a Haaland antes que interiorizar que el club sólo puede crecer si entra cada año en Champions. Hay cosas que no cambian. Sería maravilloso que, para hablar del Atleti, al margen del sentido del humor, la gente supiera sumar, restar, leer o tener ganas de hacerlo. Pero igual es mucho pedir. El resto son 'mandangas'.

Rubén Uría



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