Ya de por sí era difícil para River afrontar un partido dentro de la relajación lógica que vino con el desahogo al conseguir el título en el Torneo de la Liga Profesional menos de 72 horas antes de visitar a Rosario Central. La goleada del jueves ante Racing le restó exigencia al encuentro en el que dio casi una hora de ventaja pero que, al momento de despertarse, sostuvo el invicto de la mano de la otra figura de los últimos meses.
Mientras todas las miradas se iban, obviamente, con Julián Álvarez, goleador del campeonato, el que creció en silencio fue Agustín Palavecino. Y su explosión parece ser la continuidad de una línea que tiene nombres más que importantes del pasado como Gonzalo Martínez y Nacho Fernández, productos que Marcelo Gallardo pulió aún bajo la resistencia de los hinchas hasta que pudo transformarlos en figuras.
Lo del Pala es aún más vertiginoso. Fue la obsesión del Muñeco en el mercado de enero, hasta que River logró el acuerdo con Deportivo Cali. Le buscó la posición, lo probó, lo mandó al "freezer" cuando no funcionaba y lentamente lo recuperó hasta hacerlo eje del equipo para los pases filtrados, las apariciones por atrás de los delanteros y, esta tarde, su especialidad: dos remates de media distancia, especialmente el segundo, una bomba al ángulo para empatar el partido.
River jugó el primer tiempo aún con la resaca de la vuelta olímpica y Central lo aprovechaba, con los goles del histórico Marco Ruben y neutralizando al campeón. Pero relajarse y bajar la guardia fue un pecado capital que el Millonario, desde los pies de Palavecino, lo castigó para complicarlo en su pelea por ingresar a la Copa Sudamericana y llevar la racha sin perder a 18.
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