¿Tienes más de 18 años?

Help us verify your age by providing an honest response. This site contains gambling advertising for 24+.

Age-restricted content

No tienes la edad mínima necesaria para ver contenidos relacionados con las apuestas. Se te redirigirá a la página de inicio.

+18 | Publicidad | Aplican Términos y Condiciones | Juega con responsabilidad | Principios editoriales
Ruben Uría Blog

La noche que cambió el rumbo de la temporada del Barça

23 de Febrero, Estadio Ramón Sánchez Pizjuán. Espoleado por Nervión, un Barça anémico de confianza alcanza el camino a vestuarios con la cabeza hundida entre los hombros. Ha sido víctima de un huracán sevillista. En el entretiempo, se disparan las alarmas, porque la expedición blaugrana es consciente de que se están complicando la vida, de que su rival está siendo mejor y si no son capaces de reaccionar, la temporada corre serio peligro de acabar mal. Las dudas se han instalado en el vestuario y hay motivos para la preocupación: el equipo viene de empatar con el Valencia en casa (2-2), de hacer lo propio con el Madrid en la Copa (1-1), de repetir resultado ante el Athletic en San Mamés (0-0), de ganar por la mínima al Valladolid (0-1) y de empatar ante el Olympique de Lyon en Champions (0-0). Suficiente para desconfiar. Con 45 minutos por jugarse, el Barça está cayendo ante un Sevilla imperial por 2-1 y si cae, verá recortada su diferencia en la Liga, metiendo de lleno a Atlético y Real Madrid en la pelea por el título. Hay más. En el Barça saben que, si pierden en el Pizjuán, las dos siguientes visitas a domicilio pasan por el estadio Santiago Bernabéu, con un doble desafío en Liga y también en Copa. Poca broma. Más de uno duda. Y tiene motivos para ello. 

Ernesto Valverde ajusta piezas y dirige una improvisada charla en la caseta. Intuye que debe hacer un doble cambio y apuesta por ello. Para poca salud, más vale morirse. Dentro Dembélé y Sergi Roberto, fuera Arturo Vidal y Semedo. Es hora de ser valientes. Y el núcleo duro del vestuario, el grupo que lleva dominando la Liga de manera hegemónica, intercambia impresiones porque sabe que el partido es crucial para la suerte del campeonato y de la temporada. Es el momento de reaccionar. Piqué, Suárez, Messi y Busquets motivan al resto del equipo. Todos coinciden en la lectura de cómo hay que jugar el segundo acto: con valentía, ritmo y espíritu ofensivo. El Sevilla ha corrido hasta la extenuación y si el Barça encuentra precisión en su fútbol, es el momento de hacérselo pagar. El discurso es corto y en vena: si el equipo quiere, el equipo puede. El grupo lo sabe, lo interioriza y salta al campo en el segundo tiempo sabiendo que tendrá que ofrecer su mejor versión, porque el partido no tendrá tregua y el rival, un inspirado Sevilla, tampoco la concederá.

En la segunda parte, Messi habla donde las palabras mueren. El argentino, que ya había marcado en el minuto 26, se echa el equipo a la espalda por enésima vez. El Sevilla pierde gas poco a poco, el Barça comienza a pisar terreno enemigo y cuando queda media hora, el pequeño gran hombre se encarga de dinamitar el partido, la Liga y la temporada. Primero, pone la pelota en la escuadra para empatar el partido. Instantes después, saca astillas del travesaño con un disparo terrorífico. Messi activa el miedo escénico en la defensa sevillista y el público rumia que “Su Santidad” está a punto de sacar su particular Biblia y oficiar misa. Dicho y hecho. A falta de cuatro minutos para el final, Messi vuelve a aparecer para darle la vuelta al partido picando una pelota por encima del portero, que se queda con la tentación de aplaudir. El de siempre, como siempre. Entregado y roto, el Sevilla hinca rodilla en tierra cuando Luisito Suárez, en la prolongación, rubrica el cuarto de la noche. El árbitro decreta el final y el Barça, en apenas media hora, pasa de la depresión a la euforia, de la duda a la confianza y de complicarse la temporada a encarrilarla. Aferrado a Messi, el equipo alcanza el vestuario sabiendo que ha puesto la primera piedra para salir campeón: ha superado el peor momento de la temporada, ha ganado donde casi nadie gana y ha remontado con grandeza un partido en el que Messi tuvo que escalar el Everest a pleno pulmón. Valverde sonríe. El vestuario culé se abraza. Y el aficionado azulgrana respira aliviado.

Esa noche, cortesía Lionel Messi, el Barça comenzó a fraguar su Liga número 26. El recital de Messi en la bombonera de Nervión, con el paso de los días y los partidos, se antoja vital para impulsar la fe de un grupo que termina de convencerse de que tienen el título en su mano. De ahí hasta el final, el Barça acelera cuesta abajo y sin frenos: la doble visita al Bernabéu acaba con doble triunfo culé en Liga (0-1) y Copa (0-3), y con la moral por las nubes, completan tres triunfos más para dejar la Liga casi vista para sentencia, Rayo (3-1), Betis (1-4) y Espanyol (2-0). Con el Madrid presentando su dimisión y el Atleti a varios cuerpos de distancia, el trofeo se tiñe de blaugrana. El colectivo roza el sobresaliente y Messi, en lo individual, alcanza la misma nota a la que nos tiene acostumbrados: matrícula de honor. Dueño de ocho de los últimos once torneos de la regularidad, el Barça de Messi alarga una dinastía que parece no tener fin. Pero sin duda, el punto de inflexión de título se produjo aquel 23 de febrero, en Nervión, cuando el equipo dudaba, sufría y estaba contra las cuerdas. Esa noche, con todo en contra, una actuación antológica de Messi, rey de reyes y genio de genios, devolvió al grupo la confianza. Y esa noche, el Barcelona cambió, de manera definitiva, el rumbo de esta Liga. Y con seguridad, de la temporada.

Rubén Uría

Anuncios

¿TE HA GUSTADO ESTA HISTORIA?

Añade GOAL.com como fuente preferida en Google para ver más de nuestras noticias

Sigue a GOAL en Google