Desde la pasada semana ya se puede ser socio del FC Barcelona desde cualquier punto del planeta. El club cumplió una de las promesas electorales de Joan Laporta y abrió la posibilidad de hacerse miembro de la entidad con solamente rellenar un formulario en la página web. Durante el mandato de Sandro Rosell, el presidente y su junta directiva decidieron limitar el acceso a la membresía a familiares de socios o a personas que ya lo hubieran sido en el pasado con la justificación de “buscar un equilibrio entre el número de asientos en el campo y de asociados”, tal y como se explicó en la primera Asamblea de compromisarios que presidió Rosell en 2010. El empresario barcelonés acababa de ganar las elecciones tras el primer mandato de Laporta y acababa definitivamente con la campaña de El Gran Repte iniciada con el anterior mandatario, consistente en ampliar sin límites la masa social culé. Con Josep Maria Bartomeu en la presidencia, las condiciones para ser socio se relajaron y se abrieron a los aficionados que estuvieran dispuestos a pagar durante tres años -a fondo perdido- una cuota llamada “de compromiso” antes de poder conseguir el carnet definitivo.
Con Laporta en el palco, la membresía se ha abierto a un nuevo horizonte: todo el mundo puede hacerse socio del Barça sin la necesidad de coger un avión y plantarse en las oficinas del Camp Nou. “El Barça es grande y es de todos, no de cuatro familias por muy históricas que puedan ser”, apunta a Goal la vicepresidenta y portavoz del club, Elena Fort, que precisamente procede de una de esas familias barcelonistas: “Te lo dice una persona de seis generaciones de socios del Barça con un apellido vinculado de forma ininterrumpida desde hace más de 100 años. Me tocaría estar en este club que se pretende elitista y soy radicalmente contraria”.
En el momento de cerrar el acceso al club, Sandro Rosell levantó el dedo para alertar de la posibilidad que 50.000 chinos se hicieran socios por internet y eligieran a un presidente que nunca hubiera pisado Barcelona. Fue una de las razones para limitar la entrada de nuevos socios, algo por lo que Jordi Cardoner, vicepresidente del área social con Rosell y Bartomeu, sigue preocupado. “Imaginemos que un empresario chino tiene 3.000 trabajadores y decide hacer socios a 1.000 de ellos, con sus nombres y apellidos. Esto le permite poder intervenir a nivel de entradas o a nivel de votaciones. Y más ahora teniendo en el sistema electrónico”, comenta en una conversación con Goal.
“En el mundo no hay nada imposible, pero en un 99,99% es imposible”, dice Fort. La actual vicepresidenta descarta que este movimiento social pueda sucederse, “básicamente, porque los medios tecnológicos nos alertan de manera inmediata. Si se detecta un movimiento extraño se cierra de forma inmediata. No puede pasar, hablamos de un hecho de película”.
“¿Que 50.000 chinos podrían escoger un presidente? Esto se llama democracia”, apunta Marc Duch, presidente de la asociación Manifest Blaugrana y responsable del área social del excandidato Víctor Font. “Todos ellos son socios. Un socio de Badalona tiene el mismo valor que un socio de Tailandia. El Barça es de sus socios, sean catalanes, madrileños, andaluces o turcos”, comenta.
Negocio con entradas y conversión a SAD
Uno de los debates más intensos en el entorno azulgrana durante los últimos años tiene relación con el modelo de propiedad del club. Actualmente, la entidad pertenece a sus cerca de 145.000 asociados, que disponen de los mismos derechos y cuyas obligaciones pasan exclusivamente por abonar 195 euros anuales y salvaguardar el honor de la institución, hecho que conlleva al respeto por todos los colectivos, a la no discriminación y a no atentar contra el club a todos los niveles, también al económico. Revender el carnet de socio y el abono implica, además de ser ilegal, una pérdida de dinero considerable que el club podría ingresar a través de la comercialización de esa localidad. Ahí también pone el foco Jordi Cardoner: “En el pasado se vinculaba esta condición de socio internacional a las mafias de bolsas de socios que controlaban el mercado de las entradas. Los que saben mucho del Barça, bienvenidos sean. Pero la especulación, no”.
Pero el exvicepresidente también pretende alertar de los peligros que significaría para el futuro del club que las decisiones se tomaran desde otros países. “Nosotros conseguimos pasar del 72% de socios catalanes al 90% actualmente. Las decisiones las tenemos que tomar con conocimiento de causa y, respetando muchísimo la gente de fuera, difícilmente tienen más conocimiento que gente nacida en España”, comenta Cardoner, que empieza a ver abierta la puerta de la Sociedad Anónima Deportiva: “Si visualizamos como un peligro de futuro evidente que el club se abra a fondos extranjeros, puede que esto sea una primera cata para que nos acostumbremos a no ser nosotros quienes decidamos el presente y el futuro del club. Si nosotros queremos ser diferentes será mucho más difícil luchar con opiniones de terceros que vienen con un ADN diferente del de una persona que ha nacido en Matadepera, Vic o Sant Cugat del Vallès”.
La decisión de convertirse en SAD, así como otras de gran calibre social o estatutario, deben ser aprobadas por el 66,6% de la Asamblea de compromisarios, un órgano que reúne a los 1.000 socios con más antigüedad y a 3.500 miembros elegidos por sorteo, además de la junta, comisiones y los 30 presidentes de federaciones de Peñas. Ningún socio -catalán, vasco o japonés- puede manipular la composición de ese órgano de decisión. “Que controlen el club desde fuera es prácticamente imposible”, asegura Duch. “Por estatutos, para convertirnos en SAD o para decisiones importantes se pide una mayoría reforzada que comportaría que la cantidad de socios que se necesitarían para controlarnos sería tan grande que sería fácilmente detectable”, concluye la vicepresidenta Elena Fort. El debate está abierto.
