Es posible que no haya muchos delanteros con la explosión y aguante físico que tiene Julián Álvarez en el Mundial Qatar 2022. Tiene una electricidad en el pique corto que lo hace diferente al resto. Sí, Mbappe vuela también. Sí, los tres de arriba de Brasil son ligeros. Sí, Foden es inagotable. Bueno, el argentino está a la altura -física, al menos- de todos esos.
En el partido ante Polonia, en el que la Selección argentina terminó por clasificarse primera del Grupo C, Scaloni lo puso de titular por primera vez en este torneo. Y ya no puede salir más.
Cambió tácticamente la Selección argentina con Julián en la cancha. Scaloni lo puso por el sector izquierdo y dejó a Messi como una especie de centrodelantero falso o enganche, pero bien centrado. De esa manera, el capitán argentino debía arreglarse en la presión con uno de los dos centrales, mientras que el delantero del City luchaba con el lateral o el central derecho. Acá figura su primer gran valor: en la presión, baja la cabeza y desgasta muchísimo a los rivales. Simplemente no para de correr.
Sin la pelota, Julián es una bendición para el estilo de juego de la Selección argentina. Se la pasa tirando diagonales, buscando la espalda de los defensores, pero también se anima a pivotear cada tanto, rebotar a uno o dos toques y volver a moverse. Ya tiene el ADN de Guardiola impregnado: juega rápido y jamás se queda estático.
Es verdad que falló un par de situaciones, pero el gol que hizo habla también de sus condiciones: en el área, es capaz de recibir perfilado más de espaldas que de frente, acomodarse en dos toques con la marca encima y sacar un remate perfecto. Aún volcado por izquierda, consiguió generar peligro.
No tuvo una participación con la pelota muy grande. De hecho, fue el jugador titular argentino con menos intervenciones, con 36 (para tener una referencia, el que lidera esa tendencia es De Paul con 165). También fue el que menos pases dio, con 21 (otra vez De Paul va al frente de esa estadística, con 145). Dio siete pases en el último tercio y todos fueron buenos.
Julián es un jugador del último tercio. Siempre intenta estirar. No le interesa demasiado un posible retroceso para entrar en contacto. No tiene sentido con la cantidad de mediocampistas que hay. Es paciente y el encargado de generar oportunidades para el resto. Solidario, sale y entra del offside, se ofrece y nunca se queda quieto.
Ya no va a salir del equipo. Las malas actuaciones de Lautaro Martínez, sumado a una llamativa lentitud del delantero del Inter para definir en un mano a mano ante Polonia, sobre el final del partido, son señales claras y evidentes. Salvo que Scaloni busque un 9 que luche entre los centrales por una característica específica, el exRiver, de 22 años, demostró una jerarquía necesaria para la Selección. Una energía que se extrañaba. Julián Álvarez vuela. No se lo puede desaprovechar más.
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