Simeone porque queda segundo, Marcelino porque cae en semifinales de una competición europea, Zidane porque gana tres Champions seguidas pero ahora no gana fuera de casa, Bordalás porque su equipo a lo mejor no se clasifica para la Liga de Campeones, Klopp porque es un “pierdefinales”, Emery porque no le gana a ningún “grande”, Mourinho porque gana con un estilo que a muchos no les gusta, Pochettino será un fracasado como pierda la final de Madrid y Valverde ya lo es, aunque pueda ganar dos dobletes en dos años consecutivos, porque cometió el intolerable crimen de que su equipo no estuvo a la altura dos noches europeas. Todos son unos fracasados. Eso es lo que nos cuentan los inquisidores habituales de un deporte en el que, por lo visto, todo aquel tipo que no gana absolutamente todo, siempre, en cualquier circunstancia, competición o equipo, ante el rival que sea y el día que sea, es un completo fracasado del que conviene huir, como de la peste.
Es lo que hay. Así quieren que funcione este negocio. O el mejor, o el peor. No hay grises. No hay término medio. Ni cerebro. Y no hay más valores que los que se puedan pisotear, a conciencia, con una demagogia de todo a cien, para decirle a la gente que este entrenador o el otro, son unos fracasados. Es la moda. Hay que preguntar a todo el mundo si esto o aquello es un fracaso o si tal tipo es o no un fracasado, dependiendo del resultado y sobre todo, de los valores y colores que representen a uno y otro lado de la trinchera. En el cada vez más denso “Club del Fracasado”, caben todos: el que no gana la Champions (sólo la puede ganar uno) es un fracasado, el que no es primero en la Liga es un fracasado, el que no gana la Copa del Rey por supuesto es un fracasado, el que no juega en competición europea es un fracasado y el que pierde la categoría, por descontado, también es un fracasado. Hay que ser un completo fracasado para tener el cuajo de llamar fracasados a tipos que no solamente han demostrado ser ganadores, sino que podrían enterrar en títulos a los que les llaman fracasados. En realidad, es sencillo: es más fácil llamar fracasado al prójimo que aceptar que el auténtico fracasado es el que se pasa la vida llamando fracasados a los demás.
Por cierto, en el rebosante “Club del Fracasado” – porque de tanto usar la expresión fracaso resulta que ese club ha dejado de ser selecto en esto del fútbol-, hay un miembro ilustre: Pep Guardiola. Sin duda, el “superfracasado” más grande de la reciente historia del fútbol. En el imperio del todo vale, de la banalización de lo que queda de periodismo deportivo, Guardiola es el paradigma del fracaso hecho entrenador. Sus títulos, sus éxitos, su estilo, su impronta, su legado y su conocimiento son carne de meme, motivo de mofa, objeto de palo y papel mojado cuando pasan por la túrmix, el filtro y la guillotina de “haters” de medio pelo, ultrillas de poca monta y telepredicadores a sueldo. No importa lo que gane, porque para los que se pasan la vida llamando fracasados a los demás, Pep seguirá siendo un fracasado. Gane lo que gane y juegue como juegue.
“El superfracasado” acaba de ser campeón de la Premier con el Manchester City, tras uno de los duelos más espectaculares que recuerda la historia de la competición con otro equipo gigantesco, el Liverpool, pero eso, por lo visto, es un fracaso, porque su equipo ha gastado mucho dinero en fichajes, no como los dos clubes más grandes de aquí, que pagan los fichajes con Sugus de piña. De la mano de Guardiola, el City ha derrotado a todos los equipos contra los que se han enfrentado por segunda temporada consecutiva y hacía más de 100 años que eso no sucedía en Inglaterra, pero eso, por lo visto, es un fracaso, porque ganar la Premier, como ganar la Bundesliga, es más fácil que robarle el bolso a una borracha. Guardiola ha conquistado 9 ligas de 11 posibles con diferentes equipos, con Barça B, Barça, Bayern y City, pero eso es un fracaso porque sin Messi, no ha ganado la Champions. Y Guardiola, que está a un paso de conseguir ganar Premier, FA Cup, Copa de la Liga y Supercopa en una misma temporada, algo que nadie ha logrado en Inglaterra jamás en toda la historia, seguirá siendo un fracasado, porque ya saben, no ha ganado la Champions. Guardiola, haga lo que haga, diga lo que diga, gane lo que gane y pierda lo que pierda, siempre tendrá enfrente a los que seguirán diciendo que es un “superfracasado”. Albert Einstein solía decir: “Sólo hay dos cosas infinitas: el universo y la estupidez humana. Y no estoy seguro de la primera”. Cuánta razón. Claro que, a Einstein, estos fenómenos, le llamarían fracasado.