EDITORIAL
Brilla como local pero se atasca lejos del Camp Nou, pendiente como está de evitar el juego del rival, más incluso que de generar el suyo. Sin embargo, nadie le podrá negar a este Barcelona su mortífera pegada tras salvar un punto a domicilio de una Real Sociedad mejor en prácticamente todos los aspectos del juego pero que tampoco logró el triunfo tras la respuesta de los catalanes al gol inicial de Mikel Oyarzábal a los doce minutos al convertir un penalti por un agarrón de Sergio Busquets a Diego Llorente. Fue un tanto que dio alas a los donostiarras, capaces de someter al Barcelona en varios tramos durante el primer tiempo y al que hasta birlaron la posesión.
Pero eso es algo que hace tiempo que ha dejado de preocupar en el Barcelona. Lo que importa no es el control sino ganar, volver a ganar y seguir ganando haya o no un plan definido para lograrlo. Porque si el Barcelona salió vivo de Anoeta ante un equipo que colectivamente trabajó más y mejor fue porque supo imponer su calidad, especialmente en los últimos metros. A pesar de que a los barcelonistas les siga costando un mundo generar peligro lejos del Camp Nou lo cierto es que bastaron solo tres remates a puerta para meter dos goles aun habiendo ido a remolque de los locales durante la primera mitad.
Sucede que ante el Barcelona no se puede fallar y Llorente se dejó robar la cartera por Luis Suárez, que se la dio a Antoine Griezmann para que firmara el empate con un remate cruzado que evitaría llegar al descanso con la Real por delante. El francés le otorgó, al fin, el dominio del partido a su equipo, dispuesto a comerse el mundo en el primer tramo del segundo tiempo, cuando Gerard Piqué recuperó un balón y armó una contra que acabó en gol después de que el Busquets viera el desmarque de Leo Messi y el rosarino asistiera a Suárez para poner el 1 a 2. Pero se conformó el Barcelona y de nuevo dio vida a la Real después de un mal rechace de Marc-André Ter Stegen y que habilitó a Alexander Isak para empujar el balón al fondo de la red y apuntar un empate 2 que heló al Barcelona.
Ya sin ninguna clase de control, lo cual no hizo más que aumentar tras el ingreso de Arturo Vidal en el campo, ambos equipos se fueron al ataque para jugarse los puntos en un intercambio de golpes que no modificó el electrónico y que puede permitir al Real Madrid, en caso de ganar el domingo en Mestalla, llegar al Clásico como líder en solitario. Lo mejor para los barcelonistas, visto lo visto, es pensar que el choque por el liderato frente al eterno rival tendrá lugar en el Camp Nou.
