¿Tienes más de 18 años?

Help us verify your age by providing an honest response. This site contains gambling advertising for 24+.

Age-restricted content

No tienes la edad mínima necesaria para ver contenidos relacionados con las apuestas. Se te redirigirá a la página de inicio.

+18 | Publicidad | Aplican Términos y Condiciones | Juega con responsabilidad | Principios editoriales
Evo MoralesFides

Evo, pueblo, futbol


Por: Renato González Carillo (@renato14gc)


Cuando se dice que el fútbol es el juego más popular del planeta no se puede evitar pensar en un uso casi trillado que apunta a resaltar su espectacularidad en las transmisiones televisivas o en los diarios deportivos. Su carácter popular se vincula más con su divulgación y masificación a escala global, que con su esencia u origen, lo que difumina el concepto y lo condena a un vaciamiento del significado primario. Y es que el adjetivo –ese que remite a la noción de pueblo– tiene mucho más que decir cuando se refiere a la cuna del juego; a los barrios urbanos y a la clase obrera; a quienes desde los márgenes de la sociedad, encontraron en el rodar de la pelota un pasatiempo que mitigase, tanto hoy como ayer, las dificultades de su andar.

En Bolivia, a pesar de que su selección o su liga local no tengan una gran trascendencia como en otras naciones latinoamericanas –lo que provoca que la cobertura de la prensa internacional sea mucho menor, e incluso nula– existe una tradición futbolística enraizada que históricamente impulsó una serie de fenómenos políticos y sociales con quizá mayor relevancia y profundidad que en el resto del continente. Dichos procesos pueden contribuir a explicar, a día de hoy, la construcción de un Estado plurinacional y multiétnico, la diversidad de identidades sociales, y por supuesto, el empoderamiento de la población indígena.

En el contexto de una Bolivia rota, intervenida por intereses extranjeros, traicionada por sus fuerzas armadas y golpeada por la violencia y el encono, vale la pena reconstruir, aunque sea brevemente y con el balón en la cabeza, cómo hemos llegado hasta aquí.

Según la antropóloga Juliane Müller, desde 1910 y hasta 1940, el fútbol en Bolivia se introdujo principalmente en la zona rural andina y en las poblaciones urbanas populares. Sin una presencia tan determinante de agentes extranjeros en el desarrollo del deporte, las poblaciones locales comenzaron a apropiarse del juego, definiendo sus propios límites, características y utilizándolo como un espacio de reunión en eventos autoconvocados por organizaciones sociales y políticas preexistentes.

Tras la caída de la oligarquía liberal-republicana en la Guerra del Chaco (1932-1936), se abrió una ventana para la construcción de un proyecto nacional popular de base amplia, cuya máxima expresión se dio en el triunfo de la Revolución Nacional de 1952. Fue en ese contexto de la nacionalización del petróleo, el reconocimiento de los sindicatos, el establecimiento de derechos laborales, y la abolición de la servidumbre indígena, donde aquellos grupos que adoptaron el fútbol como espacio de organización comunitaria tuvieron una expansión sin precedentes. Su práctica, beneficiada por la mayor disponibilidad de tiempo libre y la creación de escuelas rurales, se consolidó como un “símbolo de los nuevos tiempos”, reafirmando identidades no sólo locales, sino también contribuyendo a la consolidación de una identidad nacional.

La institucionalización del deporte llegó con la creación de sindicatos campesinos que impulsaron la práctica del fútbol, sobre todo en las escuelas rurales y normales, generando un creciente arraigo en el universo indígena. El paisaje del campo se fue transformando con la aparición de canchas de fútbol, y el campeonato logrado por la selección boliviana en el Sudamericano de 1963 (lo que hoy es la Copa América) consolidó una identidad nacional que condensó a un montón de subjetividades étnicas y geográficas.

Tras el golpe de Estado de Hugo Banzer en 1971, los sindicatos campesinos perseguidos por la dictadura, utilizaron el fútbol como un espacio plebeyo de resistencia. Allí ocurrió un recambio generacional de líderes comunitarios y sindicales que, curiosamente, se encarnaba en aquellos jóvenes que destacaban por sus habilidades deportivas y organizativas en el ámbito del fútbol. Además, gracias a la organización de campeonatos de fútbol en el altiplano aymara –no censurados por el gobierno, dado que se consideraba que ayudaban a despolitizar a la población– se facilitó la organización clandestina de los pueblos indígenas, específicamente en la creación de la Confederación Sindical Única de Trabajadores Campesinos de Bolivia.

Ya en la época democrática, la politización indígena del fútbol continuaría. En el contexto de la “guerra contra el narcotráfico” de finales de los años ochenta, la región de Cochabamba se vio gravemente afectada por la sequía, la crisis económica y los ajustes de corte neoliberal. El enfrentamiento de las fuerzas armadas con los campesinos productores de coca se intensificó, conflicto del cual surgirían nuevos liderazgos, como el del mismísimo Evo Morales.

La resistencia de los campesinos cocaleros se logró articular también mediante la organización de torneos de fútbol. Era allí donde los productores intercambiaban información, planeaban los mecanismos de protesta y daban forma a su lucha. Evo Morales comenzó su carrera sindical, al igual que muchos otros líderes, como secretario de deportes del sindicato San Francisco de la Central 2 de agosto. El vínculo entre el deporte y el activismo sindical lo dotó de un prestigio comunitario sin precedentes. Era él quien facilitaba –y encabezaba– los espacios de encuentro, diálogo y organización. Lo anterior, añadido a su reconocida calidad dentro del campo (que incluso lo llevó a incursionarse en el profesionalismo probando suerte en el San José de Oruro), consolidó su liderazgo político entre la comunidad, y posteriormente, entre el conjunto de pueblos indígenas bolivianos.

Evo Morales MaradonaLos Tiempos

La vocación futbolística de Evo es tan profunda que incluso propició la divulgación de toda una mitología en torno a su relación con el balón. Se dice que la primera palabra que pronunció fue tamta, pelota en aymara, y que fue él quien a sus trece años fundó el equipo de fútbol de su localidad –llamado Fraternidad y en el cual fungió como capitán, delegado y director técnico. Estas y otras historias se encuentran plasmadas en el relato Evito juega al fútbol que formó de la publicación Las aventuras de Evito (2014), distribuida gratuitamente durante su gobierno por el Ministerio de Comunicación.

Siendo el primer indígena en ocupar la presidencia de Bolivia, Evo Morales consolidó el fútbol como un pilar de su política social y diplomática. Sin ser la pelota una cuestión de Estado, entre las acciones más destacadas se encuentran la promoción de actividades deportivas comunitarias, de alto rendimiento y la construcción de infraestructura deportiva –casi tres mil campos de fútbol repartidos en el país. Gracias a Fidel Castro, Evo entabló una amistad fraterna con Diego Armando Maradona, con quien realizó varios actos de protesta contra la propuesta de la FIFA para prohibir la realización de encuentros en escenarios de altura, como La Paz y Cochabamba. Además, cumplió el sueño de ser profesional al ser fichado por el club Litoral y el Sport Boys Warnes del departamento de Santa Cruz. Sin duda, la gigantesca figura de Evo Morales ha tenido siempre un balón entre los pies.

Hoy, México ha otorgado asilo político a Evo Morales con la intención de proteger su vida tras el golpe de Estado perpetuado por las fuerzas armadas y alentado por intereses extranjeros. Durante su mandato, Bolivia pasó de la irrelevancia política a la consolidación de un Estado capaz de disminuir las desigualdades, crecer económicamente, atraer la inversión extranjera y garantizar bienestar a su sociedad. Víctima del racismo más cruento, aquel muchacho que creció y consolidó su liderazgo jugando al fútbol, hoy ha sido injustamente expulsado del campo de juego democrático. Al pueblo boliviano, como siempre lo ha hecho, le toca reorganizarse y contraatacar. El fútbol, como el histórico espacio plebeyo que es, puede fungir como ese espacio de reunión y resistencia de los pueblos. Con todo y un jugador menos, el anhelo de la remontada subyace en el movimiento popular.

Anuncios

¿TE HA GUSTADO ESTA HISTORIA?

Añade GOAL.com como fuente preferida en Google para ver más de nuestras noticias

Sigue a GOAL en Google