GoalDar tu opinión o contentar oídos. Esa es la encrucijada casi diaria a la que te enfrentas si te dedicas al periodismo y reconoces públicamente que eres simpatizante del Atleti. Hay gente que cree que, si uno es periodista y del Atleti, su labor pasa por justificar todo lo que haga el equipo, por buscar siempre un culpable ajeno si el equipo no gana y por contar medias verdades con tal de que el público tenga su ración diaria de roncerismo ilustrado, en versión colchonera. Creo, humildemente, que la afición del Atleti no necesita escribas, ni relatores de cuarta, ni trovadores de una realidad retorcida para colocar al Atleti siempre en el lado más soleado de la realidad. Así que vayamos al grano: ayer el Atleti fue perjudicado por el árbitro, como últimamente lo viene siendo por unas razones u otras, porque aquí ya el personal no sabe cuándo es roja y cuándo no, cuándo es penalti y cuándo no, ni cuándo es mano ni cuándo no. Hasta ahí todos estamos de acuerdo. Pero hay más. Y se debe contar, no esconder.
Luego, ya viene la interpretación generalista. Gente que cree que al Atleti siempre le roban, gente que cree que los árbitros viven para putear, con perdón, al Atleti, gente que se arroga el deber de exigirte que rajes de los arbitrajes porque si no lo haces no eres atlético, y por haber, hay gente que cree al Atleti jamás le ha beneficiado un árbitro. Cada uno es libre de pensar lo que quiera, pero como yo no vengo aquí a contentar oídos, ni me pagan por apasionarme, les cuento lo que considero. Que a Felipe le mostraron una roja rigurosa, que otra vez el Atleti tiene motivos para sentirse perjudicado y que antes, mucho antes de eso, el Atleti ya iba perdiendo por 2-0 porque su defensa estaba durmiendo una siesta de pijama y orinal. La realidad es que no dio la talla cuando debía darla. Así de sencillo. Y de eso no tiene la culpa nadie, ni el árbitro, ni el maestro armero, ni los periodistas, ni siquiera esos a los que otros atléticos nos llaman "buenistas" con cierta gracia, porque no despotricamos contra el árbitro.
Y luego está lo de Felipe. Que no merece un desprecio público, ni un lugar en la diana, ni tampoco el insulto fácil, pero al que hay que decirle la verdad. Ni árbitro, ni gaitas. Felipe, que fue un fantástico central el curso pasado, lleva unos partidos irreconocible. Y anoche, cuando cometió una torpeza que le costó la expulsión, debió hacerse un favor a sí mismo. Irse a la ducha, reflexionar sobre lo que está haciendo, pedir perdón a sus compañeros por la faena, disculparse con el entrenador y pedir perdón a la afición. Lo de esconderse detrás de una decisión arbitral es muy fácil. Y no sirve. Entre otras cosas, porque si Felipe no reflexiona, si no pide perdón y no se pone en forma, volverá a meter la pata. Estoy convencido de que a Felipe le duele lo que ha pasado. Y precisamente por eso, tiene que ponerse manos a la obra para evitar que vuelva a pasar algo que, esta temporada, está pasando muchísimas veces. Ni dramas, ni hogueras, ni insultos, pero a Felipe hay que decirle que se ponga las pilas de una vez. Esto es el Atlético de Madrid y no una ONG. Para contentar oídos, en otra ventanilla.
Rubén Uría




