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Aitor ElizegiAthletic Club

Elizegi, de charco en charco

Vaya por delante que Aitor Elizegi es el presidente del Athletic Club, guste o no a una facción cada vez más numerosa de la masa social de la entidad bilbaína. Es el legítimo máximo mandatario de la institución rojiblanca y, en ese sentido, no cabe discutir su presencia diaria en Ibaigane.

Otro asunto es el que tiene que ver con una gestión tan controvertida como a menudo sorprendente. Una de esas digestiones pesadas que no sabes si van a terminar en sprint al servicio o en empacho infinito. Al presidente del Athletic se le pueden realizar enmiendas parciales, a la totalidad o esperar a que desarrolle su proyecto y otorgarle el boletín de las notas al final de su mandato. Al fin y al cabo, Elizegi escogió ponerse en el fogón que más quema en Bilbao y cada uno de los miles de comensales que esperan un menú a la altura de esa cocina centenaria, tiene su propia opinión sobre los guisos que va emplatando.

Por el camino, al Athletic y al resto de los clubes de fútbol les está tocando tragar con uno de los sapos más amargos de la última centuria: la pandemia de la Covid-19. A pesar de la gravedad de las derivadas que la llegada del maldito bicho está dejando, estas no deberían esgrimirse como eximentes, sino como atenuantes ante el asfixiante microclima que se ha ido apoderando del ecosistema rojiblanco. Nada más.

Aun así, en los últimos meses se han producido situaciones cuya paternidad solo se puede atribuir a quien ocupa la cúspide de la pirámide del Athletic. El affaire Fernando Llorente llevó al club rojiblanco a la primera plana de la prensa deportiva de todo el país. Los athleticzales –tanto los partidarios de que volviera el ariete, como los que no querían ni verlo de compras por el Botxo– han sido víctimas de la retransmisión de una sucesión de acontecimientos incomprensibles. Una jornada, la de aquel lunes de octubre, en la que la sensación de bochorno se apoderó de la afición, desde Bilbao hasta el último confín de una marea en rojo y blanco.

En la marmita de Llorente fueron metiendo la cuchara algunos jugadores de la primera plantilla, el director deportivo, la ectoplasmática comisión deportiva, el presidente del club y, cómo no, miembros de la prensa muy cercanos a algunas de las facciones de ese culebrón exprés. A partir de ahí llegó la rueda de prensa de un Rafa Alkorta que se mostró inesperadamente concreto y dos días después, la comparecencia de un más que tenso Aitor Elizegi que, sin desmentir a su director deportivo, no tuvo ningún inconveniente en ofrecer una versión distinta acerca de lo que había sucedido el día de autos. Por si el sainete no hubiera sido suficientemente chusco, Alkorta se enfrentó en la sala de prensa a un periodista, recriminándole que pusiera en su boca unas palabras que el mismo director deportivo había pronunciado 48 horas antes.

En lo que coinciden tantos los aficionados como los regidores del club, es que la imposibilidad de que el público asista a San Mamés es una desgracia. El equipo nota la falta de calor de sus fieles, el activo más valioso para empujar a los jugadores cuando el juego zozobra. Pero que el estadio lleve meses con el candado echado en sus puertas preocupa también a la afición porque no está pudiendo dirigir su descontento hacia el palco, el banquillo y el césped. Con la hostelería igualmente clausurada, ¿dónde pueden desahogarse los athleticzales? Sobre todo en las redes sociales. Un lugar virtual de encuentro y alivio que molesta a algunos de los futbolistas, como erróneamente ya se han encargado de proclamar en público.

Podría pensarse que, en cualquier caso, la rica paleta de colores que conforman los socios podría estar representada en la anual asamblea de compromisarios del club. Sin embargo, esta reunión que estaba prevista para el pasado 15 de noviembre, fue suspendida desde Ibaigane amparándose en las restricciones sanitarias que hace unas semanas impusiera el Gobierno vasco. Pese a ello, la directiva de Elizegi confía que pueda llevarse a cabo de manera presencial antes del 31 de diciembre.

Pero, ¿quién asegura que para entonces se habrán alejado los negros nubarrones de la Covid-19 que cubren la realidad del día a día? Nadie. Se trata de una patada hacia adelante al estilo del aplazamiento de la final de Copa de 2020, que finalmente tendrá lugar el próximo 4 de abril, quién sabe si con público o con La Cartuja vacía.

A menos de 50 kilómetros de Bilbao, la Sociedad Deportiva Eibar ha preferido mantener su calendario y celebrará su junta de accionistas de manera telemática el 3 de diciembre. Una decisión acorde con la situación sanitaria y que asegura que los propietarios de la entidad armera participen de una reunión anual en la que se deciden aspecto vitales para la buena marcha del Eibar. ¿Era necesario semejante empecinamiento en el formato presencial en medio de una borrasca como la que se está viviendo el Athletic existiendo alternativas válidas?

En los mentideros de la Villa se esgrime que la suspensión de la asamblea tiene más que ver con esperar a que escampe la tempestad de la entidad que con el prurito personal del presidente de celebrarla en el formato habitual. ¿Y si las circunstancias de la pandemia finalmente no aconsejaran que se reunieran los compromisarios antes de fin de año? Mientras tanto, el socio sigue sin poder expresarse frente a la junta directiva. Ni en el campo, ni en una asamblea presencial, ni a través de Zoom.

En cuanto a lo referente a la gestión deportiva del primer equipo, Elizegi ha vaciado el salero sobre la herida del inquilino del banquillo de San Mamés. Aunque ha decidido no relevarlo tras el segundo parón liguero de la temporada, se ha filtrado que a Gaizka Garitano tan solo le quedaría la bala frente al Betis para salvar el pellejo. No se trata tanto de si “Garitano sí o Garitano no”, que también, sino de no enviar al técnico de Derio al choque ante los sevillanos con una espada de Damocles sobre su cabeza. Si lo que se persigue es que el equipo sume los tres puntos el próximo lunes, no parece que un ultimátum sea el mejor caldo de cultivo para preparar y ejecutar un plan victorioso de cara al lunes. Alguien debería haber aconsejado a Aitor Elizegi que en el fútbol, como en el derecho, las querellas no se anuncian, se interponen, llegado el momento.

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