ANÁLISIS
A Leo Messi se le ve contento en el Barcelona de Ronald Koeman. El rosarino se muestra cada vez más integrado en un equipo que ha cambiado el sistema y que está aprendiendo a no depender siempre de él, no en vano logró golear en Kíev en su ausencia y luego ejerció de factor diferencial el pasado domingo ante Osasuna para volver a descansar esta noche ante el Ferencvaros. El Barcelona ha marcado siete goles en los últimos dos partidos, se ha mostrado intenso y sólido y ha sido capaz de cerrar ambos choques sin encajar goles a pesar de tener bajas importantes en la defensa. Y esa es, justamente, la manera de tener satisfecho a Messi.
No se trata de colmarle de caprichos, ni siquiera de tenerle siempre en el terreno de juego para que pueda seguir pulverizando récords. Se trata de rodearle de futbolistas de nivel con hambre suficiente como para aspirar a los títulos. Ni duda cabe de que él pone de su parte, pues no hay que olvidar que aspira a alcanzar a Cristiano Ronaldo como máximo goleador histórico de la Champions League, una de las pocas plusmarcas que le quedan por dominar, y si ha aceptado volver a quedarse en tierra en la máxima competición continental es porque entiende que, a los treinta y tres años, debe dosificarse aunque el corazón le pida jugar. A eso se le llama madurez.
Líder para los veteranos, guía para los jóvenes
"Leo siempre es Leo, tiene muchísima importancia dando sentido a nuestro juego de ataque" explicó Koeman en rueda de prensa a pregunta de Goal, nada que el mundo no supiera ya, pero sí admitió que la versión que él disfruta del rosarino es la más generosa que se le recuerda. Según el holandés, "cada vez que le llega el balón hay movimiento" debido a "la gran calidad que hay en cada uno de sus pases". Ante Osasuna fue el jugador del frente de ataque que más conectó con sus compañeros al margen de Antoine Griezmann, que fue a quien más buscó, por otra parte.
En este partido, además, se le vio muy encima de los jóvenes. Tras felicitar a Martin Braithwaite cuando abrió el marcador el pasado sábado se acercó a Pedri González para darle una master class sobre el terreno de juego y repetir el gesto después del 3 a 0 con Óscar Mingueza. Ambos recibieron directrices claras del rosarino, más involcurado que nunca en el proyecto de Koeman después de sentirse agotado al término de la temporada pasada y solicitar el traspaso, finalmente frustrado al renunciar Messi a llevar al Barcelona a los tribunales como le planteó el entonces presidente, Josep Maria Bartomeu.
Cambian el sistema y los compañeros, no su motivación
Nadie sabe qué hará al final de la temporada pero no se le podrá reprochar ni un poco la actitud mostrada desde entonces. Cuando rompió su silencio lo hizo en Goal para anunciar que "voy a seguir en el Barça y mi actitud no va a cambiar por más que me haya querido ir" y sentenciar que "voy a dar lo mejor", como está haciendo. "Quizá ya no marque treinta goles por temporada" admite hoy Koeman pero también avisa. "Sigue siendo un jugador importantísimo y decisivo en nuestro ataque". Contento como se le ve, es evidente que su nueva versión tras perder a Luis Suárez y abandonar el 4-3-3 todavía puede darle muchísimo al Barcelona.




