Por Jorge C. Picón - Pienso realmente que España puede dar una sorpresa y llevarse el Mundial, pero cada partido me convenzo más de que sería precisamente eso, una sorpresa. Y una muy grande teniendo en cuenta que se trata de un equipo escaso de recursos individuales, esos que te permiten defender con seguro a todo riesgo y rascar un gol de la nada. No tiene Van Dijks, Mbappés o Messis. La única fuerza de está selección está en el colectivo. No es poco. Y, evidentemente, tiene más talento que el 80% el resto de equipos que estarán en Qatar. Pero con eso no es suficiente. Hay partidos en los que necesitas algo más. En los que romper la dinámica no es tan sencillo.
Ante Suiza se volvió a ver al equipo trabajado y eficaz que Luis Enrique ha formado. Más allá de las dudas que pueden generar sus listas, es innegable el toque personal que le ha dado a esta selección. Recuperó la presión tras pérdida que calificó de fundamental en rueda de prensa. España dominó el juego la mayor parte del tiempo ante el físico e intenso fútbol de los locales. Incluso en algún tramo se tuvo que echarse atrás, cerquita de Unai Simón, cuando Suiza más apretaba, a pesar de que no es su estilo. Esto no es más que esa latente premisa de que lo colectivo siempre está por encima de lo individual.
¿Qué problema tiene esto? En su máxima expresión, España es un equipo que te arrolla. En sus minutos buenos es capaz de derrotar a cualquier equipo. Pero también transmite esa sensación de que el más mínimo error de una de las piezas hace que todo se derrumbe. Si un jugador llega tarde la presión, si un defensa no es contundente en el robo o si un delantero no acierta de cara a puerta, el plan corre serio riesgo de fracasar. La fortaleza del grupo se hace blanda con el fallo. Esto obliga a España a no tener margen de error, y esto nunca es buen negocio.
Los pesos pesados de este equipo van a tener que dar un paso al frente. Y todavía hay tiempo de 'fichar' jugadores diferenciales. Gavi puede ser uno, pero también Ansu Fati y, por qué no, Sergio Ramos. Jugadores que solucionen problemas. Que te permitan fallar. Que te acerquen a ganar. Eso necesita España para acercarse a su segundo Mundial.
