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Juan Carlos Osorio Atlético Nacional 2020Dimayor

El harakiri de Juan Carlos Osorio

El resultado se hace casi anecdóticoporque desde hace dos años, por méritos de unos e incapacidades del otro, la tendencia marca que Tolima suele ser superior a Nacional y le tiene todas las medidas tomadas. Con Almirón, Autuori u Osorio, con diferentes fichas de lado y lado en la cancha, el resultado ha sido el mismo, aunque con particularidades en cada uno de los choques.

En el caso del partido de esta noche en el Atanasio Girardot, las particularidades pasaron en buena parte por lo que hizo el local antes del juego y lo que dejó de hacer durante el mismo. También por las virtudes de la visita para explotar falencias y hacer fiesta.

Osorio salió con línea de tres en defensa compuesta por Palacios, Segura y Mafla ante un equipo con tres ‘culebras’ en ataque que no tuvieron problemas para ganar cada mano a mano que tuvieron y complicar el arco de Quintana a placer.

Osorio dejó sentados a Hernández y Barrera, dos de los pocos que por lo menos mostraron algo de vergüenza propia en Manizales, para sostener a un inofensivo Gonzáles Lasso que no ha hecho mérito alguno para tener la confianza irrevocable del técnico.

Osorio tuvo que hacer tres cambios para el inicio del segundo tiempo intentando cambiar la cara del equipo, pero manteniendo un esquema que lo expuso durante todo el partido al ataque tolimense y al ridículo. Un kamikaze. Un suicidio.

Y eso es lo que, en definitiva, está haciendo Osorio: un harakiri. Con sus decisiones erradas, planteamientos surgidos de lecturas incorrectas y terquedad irreparable, Juan Carlos Osorio está, poco a poco, jugando en exceso con el nombre y reconocimiento (que no necesita explicación) de Juan Carlos Osorio. De paso con el de Nacional, nada menos.

En su regreso a Nacional se dijo que era un gana-gana para ambos. El club apostando por un técnico ganador capaz de obtener resultados casi inmediatos y un técnico que buscaba revalidar sus credenciales para pasar el mal sabor de boca que le dejó Paraguay. En un principio pintaba para un cuento de hadas, pero el hoy, con dos derrotas muy preocupantes por lo visto en la cancha y desde la dirección técnica, pinta para una historia con final poco dichoso.

Osorio es el que más daño se está haciendo a sí mismo, conduciendo un carro de lujo rumbo al abismo, sin señal alguna de alguna de reacción. Increíble, pero cierto.

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