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Sorteo

El día que Robin Williams no paró de burlarse de Blatter

La idea de la FIFA era bastante clara. ¿Cómo podían hacer para llamar la atención de Estados Unidos, un país que siempre puso la mirada en el fútbol americano, la NBA y el béisbol? La estrategia terminó siendo evidente: convocar a figuras de otros ámbitos y atraer no sólo desde lo que podía ofrecer el deporte en sí, sino atacar por todos los costados. Por eso, para el sorteo del Mundial de 1994, tuvieron la iniciativa de convocar a una de las estrellas del cine más populares de ese momento: Robin Williams. Josep Blatter, secretario ejecutivo de la FIFA en ese momento, nunca imaginó que la situación podía descontrolarse tanto.

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Robin Williams tenía 43 años y ya era más que famoso en Hollywood. Venía de hacer varias películas que reventaron la taquilla en todo el mundo: Buenos días, Vietnam (1987), La sociedad de los poetas muertos (1989), Hook (1991), Aladín (interpretó a la voz del genio en 1993) y Señorita Doubtfire (1993). Y, como en ese momento era uno de los actores más conocidos y de fútbol no sabía absolutamente nada, salió al sorteo a interpretar el único papel en el que podía sumergirse: hacer reír a la gente.

"¡Para! ¡Para! ¡Todavía no! ¡Todavía no!". Robin Williams subió al escenario y ya quería sacar las bolillas de los potes. Blatter empezó a ponerse rojo ante la despreocupación de su maestro de ceremonias. ¿El público? Enloquecido. El actor se pone un guante, como si estuviera a punto de operar. Irónico, con la idea de sacarle dramatismo al evento.  

"Estamos contentos de tenerte, Robin... ¿o debería decir Miss Doubtfire?", le dice Blatter. Atrevido, el presidente de la FIFA le juega un golpe bajo con el papel en el que Williams interpretó a un padre divorciado que se disfrazaba de abuela para no alejarse de sus hijos. El actor la deja pasar.

Una vez que Williams se acostumbra y los equipos empiezan a definirse (Arabia Saudita, Grecia, etc), se termina de soltar. Juega con señales, se ríe, exagera las voces y los movimientos. Como si estuviera en la ceremonia de los Oscar. 

Cuando Blatter toma una de las últimas bolillas, Williams grita "¡bingo!". Cuando le entrega la última, se inclina y hace una especie de reverencia. Ovación total. Sobre el final, revuelve meticulosamente sobre un bombo al que sólo le queda una bola: Suiza. Fue, probablemente, la primera y única vez que Robin Williams, que se suicidó en noviembre del 2014, tuvo algo que ver con el fútbol. Pero qué inolvidable y linda presentación, ¿no?

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