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Barcelona Sevilla Copa del ReyDavid Ramos

El Barcelona recupera la memoria perdida en Roma


EDITORIAL

Llegó tarde pero llegó. El mejor Barcelona, el que se ausentó en el Olímpico de Roma, compareció en la final de la Copa del Rey para aplastar al Sevilla en el que probablemente haya sido el mejor partido de la temporada. Y eso a pesar de que Leo Messi no anduvo particularmente acertado en el tramo inicial, especialmente en la ejecución. Sin embargo, el Barcelona da muestras de que cuando se pone a jugar hay pocos, poquísimos equipos, capaces de aguantar el tirón. Es por ello que el recital que ofrecieron los hombres de Ernesto Valverde convierte en algo todavía más incomprensible el apagón en la Champions League.

Porque a Messi y los suyos les salió un partido redondo en todos los aspectos. Impecables en la presión, precisos en el pase y acertados de cara a puerta, los futbolistas del Barcelona lograron un marcador histórico y enterraron al Sevilla a partir de la recuperación de los rasgos que han caracterizado una década gloriosa. Tras anular al Sevilla en los minutos iniciales Luis Suárez abrió el marcador tras otra asistencia de Philippe Coutinho para ver como quince minutos después Andrés Iniesta enviaba un balón al larguero que desató a la afición. Solo tres minutos más tarde, en el 31, apareció Messi tras una asistencia con la espuela de Jordi Alba que acabó en el 0 a 2. Y empezó el festival.

En el treinta y nueve repitió Luis Suárez al aprovechar una asistencia prodigiosa de Messi que se convirtió en el 0 a 3 con el que la Copa se fue al descanso. Y a pesar de los cambios de Vincenzo Montella -entró Sandro por Correa al descanso- el Barcelona ya dominaba a placer. En el cincuenta y dos fue Iniesta quien logró reconciliarse consigo mismo tras el mazazo ante la Roma, que con casi total seguridad a la espera de confirmar su adiós al club de su vida, al marcar el 0 a 4 tras una 'delicatessen' técnica que dejó tumbado a David Soria. El portero sevillista tampoco podría evitar el 0 a 5 que estableció Philippe Coutinho desde el punto de penal en una acción que él mismo había provocado.

De algún modo el Barcelona se reconcilió consigo mismo y con la afición, extasiada ya en el descanso ante semejante dominio. Sin embargo, cabe plantearse si cinco Copas del Rey consecutivas pueden hacer olvidar al barcelonismo que, en el mismo período, el equipo solo ha superado los cuartos de final de la Champions League en una sola ocasión. Pero esta es una reflexión que puede hacerse mañana. Hoy lo que toca es celebrar el primer título de la era Valverde y el trigésimo primero de Messi e Iniesta, los jugadores más laureados de la historia del Barcelona.

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