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Ansu Fati BarcelonaGetty Images

El Barça vive en una montaña rusa

Un día sonríe, al siguiente llora. No hay manera de que el Barça enlace dos partidos seguidos con buenas sensaciones. Cuando no es Pamplona es Granada y cuando no te elimina el Real Madrid lo hace el Athletic. Independientemente del fútbol y de las sensaciones, que en cuanto a éxitos y rendimiento objetivo no sirven de nada. Y eso que esperanzas y energías hasta el pitido final no faltan. En eso, nada que reprochar. Pero el Barcelona no consigue ser superior a ningún equipo en el juego, en lo que debería querer imponerse. Y si lo quiere, no lo parece.

En San Mamés el Barça disputó uno de los peores partidos de la etapa de Xavi Hernández. Sin dominio del balón, con demasiados errores técnicos, sintiéndose en todo momento inferior al Athletic Club, sin confianza y siendo muy poco valiente en la construcción del juego, algo contradictorio con la actuación realizada en Arabia Saudí ante el Real Madrid. El Barcelona se dedicó a sobrevivir en Bilbao. Ya desde el primer minuto, en el que el conjunto de Marcelino atropelló a los catalanes, que saltaron dormidos al césped de la Catedral del fútbol español para convertirse en víctimas de sus propios errores. Algo con el que Xavi ha insistido desde que llegó al banquillo del Camp Nou.

No hubo manera que el Barcelona juntara cinco minutos de buen fútbol. Imposible salir desde atrás, con imprecisiones en el pase impropias en los defensas que debían ser protagonistas en la construcción, en esos jugadores que tenían la responsabilidad de hacer llegar el balón a los centrocampistas, que no aparecieron sobre el césped de San Mamés. Ni tan siquiera Gavi, siempre hiperrevolucionado, estuvo a la altura de unos cuartos de final de la Copa del Rey. Ferran igualó en el único remate de la primera parte, por los ocho que buscó el Athletic, y Pedri se convirtió en héroe temporal al conseguir el gol que forzaba la prórroga en el 93. Resiliencia, como en la Copa del año pasado, pero sin luz. Muniain volvió a matar al Barça en el tiempo suplementario.

Este Barça sigue en la lona. Tiene días de brotes verdes, de pensar en que los jugadores azulgrana están entendiendo las ideas del juego de posición que intenta implantar Xavi, pero en otras jornadas las evidencias le dejan vendido y lejos de la versión que el entrenador desea ver en el terreno de juego. “Hay jugadores a los que les cuesta entender el juego de posición, algo que sorprende estando en el Barça”, dijo en una de sus primeras comparencias. Y el problema sigue ahí. Incluso salvando el ‘match ball’ en el último minuto del tiempo añadido para forzar la prórroga. Ni así el equipo se dispuso a tener el balón, a controlarlo con inteligencia a moverlo con velocidad, a distribuirlo por la parte central del campo. Nada. Ni para aprovechar el golpe anímico a un Athletic que ya se veía clasificado. Y encima, Ansu Fati se volvió a marchar lesionado. Menudo golpe en San Mamés.

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