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Gerard Pique Xavi Hernandez BarcelonaGetty Images

El Barça se juega la temporada en Múnich

Las temporadas del Barcelona no son únicamente deportivas. A final de cada curso, el club valora el rendimiento deportivo en todas las secciones profesionales, sobre todo en fútbol masculino: los títulos que se han ganado, el juego mostrado por los deportistas que visten de azulgrana y la imagen que se ha dado a nivel global como entidad. Pero hay otro ámbito que también cierra la temporada junto a la evolución en los campos de fútbol y en las pistas polideportivas: las cuentas. A 30 de junio, en el Barça no solamente se culminan la temporada deportiva y los contratos de los profesionales, sino que también concluye el ejercicio económico. Es la hora de poner las notas a los jugadores, a los técnicos, a los médicos, a los responsables deportivos y también a los ejecutivos y directivos encargados de las parcelas vinculadas con el dinero: vicepresidente económico, director general, ejecutivos de las áreas comercial y de márketing y un sinfín de personas de las que dependen los ingresos de un club que ha perdido más de 300 millones en facturación desde la expansión de la pandemia.

El Barça acostumbra a llegar vivo al final de todas las competiciones, allí por el mes de abril. En LaLiga acaba compitiendo -la temporada pasada remontó 12 puntos-, suele llevarse la Copa del Rey -ganó 10 de las últimas 13- y en la Champions League, pese a los golpes de las últimas temporadas, siempre está entre los 16 mejores. Desde 2015 cayó tres veces en cuartos de final (Juventus 2016, Roma 2017 y Bayern 2020), una en octavos (PSG 2021) y el puñetazo en el estómago de Liverpool, en las semifinales de 2019, ese 4-0 en Anfield que impidió a los blaugrana jugar la final del Wanda Metropolitano habiendo vencido a los ingleses por 3-0 en el Camp Nou.

Pero casi siempre, sobre todo en las últimas 20 temporadas, el Barcelona ha estado entre los 16 equipos más grandes de Europa. Cada temporada, sin excepción. Este año, sin embargo, la fotografía pinta realmente fea. El Barça debe ganar en Múnich al Bayern, una tarea para nada sencilla, para estar en los octavos de final de la Champions League. Sí, los bávaros están clasificados matemáticamente. Sí, jugarán con muchos suplentes. Sí, no habrá público en las gradas del Allianz Arena. Y también, el Benfica-Dinamo de Kiev de Da Luz entrará en juego. Un pinchazo de los portugueses -empate o derrota- clasificaría al Barça aun empatando en Alemania. Pero pocos son optimistas. El Bayern no tiene ninguna intención de perdonar la vida a los blaugrana y no levantará el pie del acelerador en los noventa minutos, como viene siendo habitual. El Barcelona tiene que hacer un partido perfecto, no cometer errores en defensa, estar atento a las ayudas en la banda para evitar las contras locales y aprovechar las ocasiones que no ha concretado en los últimos partidos sin un nueve de referencia. Casi nada.

Todo el club está pendiente del compromiso de esta noche en Múnich. Los culés desean ver a su equipo en octavos y compitiendo al más alto nivel y los dirigentes y máximos ejecutivos rezan porque el presupuesto 2021-22 no se descalabre. Están previstos 5 millones positivos a final de curso contando llegar a los cuartos de final de la Champions League, pero no clasificarse para los octavos haría caer esta cifra a los 15 millones negativos (9,6 por pasar a octavos y 10,6 si se accede a cuartos), a parte de lo nefasto que sería para la imagen y el prestigio global del Barça caer en la fase de grupos. Faltaría ganar la Europa League para maquillar los números. Eso sin contar lo que significaría para el taquillaje del Camp Nou no tener, en febrero, al equipo vivo en la máxima competición y sin opciones de ganar LaLiga. Todo eso está hoy en la mente de los barcelonistas. La temporada entera, sin exagerar, se dirime esta noche en una gélida Múnich.

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