En Múnich hace tanto frío que hasta se te congelan los dedos de los pies. Cuesta estar quieto en la calle dos minutos sin la necesidad de mover todas las extremidades del cuerpo, que siente las cuchilladas del gélido invierno bávaro penetrando debajo de la piel. Este miércoles, en el Allianz Arena habrá que forrarse de capas para evitar una congelación que el mismo Barça debe alejar. El equipo azulgrana no puede notar en el césped las bajísimas temperaturas de la capital de la misma forma que las ha sufrido justo al bajar del autocar. Las caras de los jugadores, las capuchas y la velocidad con la que recorrieron los 50 metros que separaban el autocar y la entrada del hotel lo decían todo. A alguno ni se le reconocía entre el gorro, la capucha y la mascarilla.
Esta noche ha nevado en el norte de Alemania. Y se espera que el termómetro baje hasta los cinco grados negativos a pocas horas de disputarse la final que dictará la suerte del Barça para lo que queda de temporada. No ganar ante el Bayern sería un drama deportivo y económico. Un golpetazo a un inicio de curso que se ha cobrado a Ronald Koeman como primera víctima -fue uno de los culpables, por supuesto- y que le brinda ahora a Xavi un regalo envenenado. Evasión o victoria, de la misma forma que rezaba la película en la que participaron Bobby Moore, Osvaldo Ardiles o el mismo Pelé. El Barça se enfrenta a uno de los equipos más temibles del continente y solamente puede ganar. O empatar -incluso perder- y esperar un pinchazo del Benfica ante el Dinamo de Kiev en Da Luz, algo con lo que los culés no pueden contar.
Pero la victoria es el único camino del milagro, de una clasificación para los octavos de final de la Champions League que permitiría al club respirar medio tranquilo. Casi 10 millones asegurados de los 20 que computó la junta directiva de Joan Laporta en los presupuestos de 2021-22. Todo pasa por clasificarse y, luego, ya hablaremos de los cuartos de final donde, por obligación económica, el equipo también deberá estar. Pero esto ya es irse demasiado lejos. La final es este miércoles. Un punto de no retorno. Si el Barça gana estará en los octavos. Si no lo hace, probablemente tenga que disputar la Europa League, que no es una competición menor viendo los equipos participantes y el estado psicológico, físico y técnico de este Barcelona. No queda otra. Los blaugrana deberán sobrevivir a las embestidas del Bayern y al horroroso frío de Múnich.
