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Dirigiéndose a Mbappé, Mourinho afirma: «El carisma no se compra en el supermercado»

José Mourinho, técnico del Real Madrid, concedió su primera entrevista tras su regreso al Bernabéu. Apareció más sereno y menos impulsivo, pero igual de competitivo y convencido de que el fútbol se trata de ganar.

El Real Madrid lo presentó el 11 de junio de 2026 para las próximas tres temporadas, y se incorporará el 13 de julio, en el inicio de la pretemporada.

Conocido desde 2004 como «The Special One», ahora se muestra más humilde pero sin perder autoridad, como reconoció en «Vanity Fair»: «No quiero decir que yo fuera el elegido. Yo era uno más».

El paso del tiempo ha pulido su imagen pública sin cambiar su esencia. el técnico que conquistó Inglaterra con sus ruedas de prensa, que convirtió cada gran partido en una batalla psicológica y que desafió al Barcelona desde el banquillo del Inter —y después del Madrid—, vuelve al escenario de su mayor gloria.

Como recogió Marca, afirmó: «La historia del Real Madrid es única; la camiseta blanca tiene un encanto especial, es pura historia del fútbol».

En esta nueva etapa, uno de sus mayores retos será gestionar a Kylian Mbappé, acostumbrado al revuelo mediático pese a su racha goleadora. Mourinho evita la polémica y apuesta por la calma, la observación y el diálogo.

Mourinho añadió: «No es momento de hablar, sino de escuchar».

El técnico luso insiste en que debe entender lo que antes veía desde fuera y concluye: «Estoy aquí para ayudar, no para criticar».

Y añadió: «Mbappé es un jugador excepcional, e intentaré ayudarle a ser aún mejor».

Mourinho recordó los Clásicos que dividieron el fútbol: Guardiola contra él, Messi frente a Cristiano. Entonces el mundo se paraba para ver esos partidos... No era solo Madrid contra Barcelona, ni solo España; era el planeta entero, como en los grandes duelos de tenis entre Nadal, Federer y Djokovic».

No niega su pasado en el Barcelona: «No guardo rencor hacia el Barcelona», y añade: «Disfruto jugando contra los mejores, porque ellos te obligan a ser mejor».

También afirmó: «Hay una teoría absurda: que se puede ser grande sin ganar... En el deporte, el objetivo es ganar».

Para defenderse, recordó su Real Madrid de la 2011-2012, que sumó 100 puntos y marcó 121 goles: «¿Hasta qué punto era defensivo aquel equipo?».

También defendió la semifinal de la Liga de Campeones entre el Inter y el Barcelona en 2010.

Rechazó reducirlo a una defensa heroica con diez en el Camp Nou y recordó que su equipo había ganado 3-1 una semana antes; aún así, elogia esa resistencia frente al mejor equipo del mundo y la ve como muestra de profesionalidad y espíritu competitivo.

Reconoce que elevó el perfil del entrenador: antes los focos apuntaban a los jugadores, luego también al banquillo. Pero concluye: «Nunca quise ser más importante que mis jugadores».

Mourinho insiste en que el carisma no se finge: «No se compra en el supermercado». Para él, la autoridad se gana con trabajo duro: entrenamiento, liderazgo, preparación de los partidos y capacidad de convencer a los jugadores.

Incluso el traje, símbolo de sus principios desde su etapa en el Chelsea, aparece en la entrevista como parte de los ritos del fútbol, pues, como afirma: «El entrenador representa al club, a la afición y a la clase profesional. Por eso nunca me he sentido cómodo con ningún otro atuendo. No era solo una máscara, sino un escudo protector».

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