La Selección mexicana empató 0-0 con Estados Unidos, resultado que no es muy positivo por haber jugado en condición de local. Sin embargo, las sensaciones dentro del campo terminaron siendo positivas por practicar una idea que no había sido apreciada desde hace muchos meses.
La coherencia reinó en el Tata Martino, colocando de último minuto a tres elementos que andan muy bien y se perfilaban para ser suplentes: Carlos Rodríguez, Johan Vásquez y Gerardo Arteaga.
Con estos tres elementos jóvenes, es lógico que el equipo conseguía una postura más dinámica, detalle que se reflejó al momento de competir con Estados Unidos.
El cuadro norteamericano es sumamente impetuoso, tienen la capacidad física para correr los 90 minutos y presionar arriba para complicar a la defensa. Hoy, es un gran mérito la forma de competirles para México.
A destacar el partido de Edson Álvarez en el centro, la pareja de centrales bastante sólida que conformaron César Montes y Johan Vásquez, el vértigo en las pocas apariciones del Tecatito Corona y la tradicional seguridad de Guillermo Ochoa.
Los dos equipos sabían lo que estaba en juego, exigiéndose al máximo nivel y entregando un partido de ida y vuelta muy agradable para el espectador. México conocía a la perfección sus virtudes y defectos, sacrificándose a jugar a una dinámica muy superior al que suele realizar.
Memo Ochoa salvó su cabaña de al menos tres ocasiones de claro peligro, mientras Chucky Lozano fue el elemento que más intentó por parte de los dirigidos por Martino, sin alcanzar la precisión que suele tener cuando dispara a la portería contraria.
Un empate contra Estados Unidos en el Estadio Azteca no suena a un buen negocio, siendo reprobado con abucheos por los aficionados al calor del resultado. Los boletos fueron muy caros y al menos frente al arco, hubo cuentas pendientes.

