EDITORIAL
Ya es un hecho. Gerard Deulofeu ya es el primer fichaje de la era de Ernesto Valverde al frente del Barcelona, aunque más que un fichaje es un regreso a su club de toda la vida, el lugar en el que se formó. Y, si ha vuelto, no es para darle la oportunidad al club azulgrana te volver a venderle por un precio superior a los 12 millones de euros que ingresará el Everton. Si ha regresado es para convertirse en un jugador importante vistiendo la camiseta del Barcelona.
De lo contrario no habría regresado. Sus dudas iban en esta línea, pues tras despuntar esta temporada en Italia, donde ha jugado en el Milan en calidad de cedido, ha alcanzado la selección española absoluta y pretende no perderse la cita del próximo verano en el Mundial de Rúsia. Para ello requiere minutos de calidad en cualquier equipo. Si es en el Barcelona, mucho mejor. Pero Deulofeu no quería aceptar el banquillo por decreto y el Barcelona no lo ha recuperado pensando ni en venderle ni en convertirle en carne de banquillo.
En este mismo medio se ha adelantado cómo Leo Messi ejercerá de mediapunta en el 4-1-3-2 que Valverde prepararía de cara la próxima temporada, dejando huérfano el extremo derecho, que finalmente será para el jugador para quien estaba reservada esta posición desde hace años. Ello no significa que Deulofeu vaya a ser titular indiscutible ni que él lo haya exigido, pues deberá ganarse el sitio como cualquiera de sus nuevos compañeros -a excepción de la MSN-. En todo caso es un fichaje interesante.
