El Barça es una ruleta rusa. Bien puede salirle cara, como salirle cruz. El partido que hizo el conjunto blaugrana en el Ciutat de València le deja en una situación comprometida, lejos de LaLiga y habiendo prácticamente lanzado el campeonato a la basura por méritos propios. Fue una pesadilla. Pero le hubiera podido situar líder provisional si el equipo hubiera mantenido el ritmo de la primera parte. Ganando 0-2 al descanso, el Barça se presentó al segundo tiempo sin piernas ni cabeza. Con el fantasma del Granada invadiendo los cuerpos de los futbolistas azulgrana, el equipo desapareció y sufrió una parálisis colectiva que le hizo caer por el precipicio sin ninguna cuerda atada al arnés.
La realidad es que el Barça salió enchufado como en los buenos tiempos. Presionando arriba, ahogando a un Levante que no conseguía salir de su área, combinando, disfrutando con el balón y generando fútbol. Era el mejor Barça, el del Pizjuán, el de Anoeta y el de la final de Copa en la Cartuja. Messi y Pedri sonreían, Alba y Dembélé volvían loca a la defensa del Levante con sus internadas y De Jong aparecía por líneas interiores para romperlo todo. Faltaba solo el gol, una de las asignaturas pendientes de la temporada. Pero llegó de la mano del de siempre. Messi aprovechó un mal rechace, Pedri empujó el balón en la línea tras una gran carrera de Dembélé y el Barça se marchó al descanso sinténdose líder.
Pero como ya sucedió ante el Granada hace una semana, los jugadores del Barça volvieron físicamente al césped, pero se dejaron el cerebro, la energía y la dignidad en los vestuarios. Porque fue un Barça indigno. Y además, merecedor del resultado final y de la situación que tiene el equipo en LaLiga, en la que ya necesita un milagro para proclamarse campeón. “LaLiga queda prácticamente sentenciada en contra nuestra”, dijo Sergio Busquets al terminar. El Barcelona perdió inexplicablemente todo lo que había ganado en los primeros 45 minutos. Echó por la ventana todo el trabajo y las buenas sensaciones y permitió que en poco tiempo el Levante remontase el 0-2. Empate a dos faltando media hora, con los locales atropellando a un Barça que las veía pasar sin saber muy bien qué estaba sucediendo.
Ni con el tercero de Dembélé, que ocupó el carril de Sergiño Dest y que anotó su gol número 30 con el equipo culé, el conjunto de Ronald Koeman pudo controlar el encuentro y defender con el balón la victoria y el liderato. Ni ganando, faltando menos de media hora, el Barça pudo calmar su estallido fatídico y se dejó, otra vez, empatar en los últimos instantes. En el tramo decisivo, incluso con opciones reales tras los regalos del Atlético de Madrid, el conjunto catalán vuelve a fallar. Y es la enésima decepción para los culés. “Es lo que ha pasado durante buena parte de la temporada”, ha querido recordar el mismo Busquets. Habrá que pensar en el siguiente curso y hacer bien los deberes en verano. No queda otra.
