Dembélé se levanta el castigo

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El francés regresa a la convocatoria y empata la visita al Metropolitano 'in extremis' tras el toque de atención de Valverde.


EDITORIAL

Ousmane Dembélé dio una asistencia en la goleada al Real Madrid y colaboró a salvar los muebles en Vallecas a pesar de quedarse solo en la celebración del empate porque sus compañeros buscaban el gol de la victoria que acabaría marcando Luis Suárez. Luego cuajó un buen partido a domicilio del Inter y marcó el gol que supuso el empate y la clasificación para los octavos de la Champions League. Se lo creyó demasiado y no se presentó al siguiente entrenamiento. Ilocalizable, el club tuvo que recurrir a la "gastroenteritis" para esconder que no tenía ni idea de donde estaba el jugador. Hasta hoy.

Porque el francés regresó al equipo para salvar el empate en el Metropolitano, igual que la temporada pasada hizo Luis Suárez. Y lo hizo saliendo del banquillo tras un partido aburrido pero no del todo malo a pesar del empate y de la falta de profundidad el día que Sergio Busquets cumplía 500 partidos. Como si de un homenaje al centrocampista se tratara, el cuadro azulgrana realizó un tratado de concentración y solvencia en un primer tiempo en el que ninguno de los dos equipos trenó una sola jugada clara de gol y mucho menos un remate a puerta.  

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El Barcelona aceptó y se contagió de la propuesta del Atlético y ello provocó unos primeros cuarenta y cinco minutos de encefalograma plano en ambas direcciones, más allá de algún intento puntual de contrataque colchonero. El único sobresalto se limitó un pequeño error de comunicación en el tramo final entre Gerard Piqué y Marc-André Ter Stegen en una cesión mientras Antoine Griezmann merodeaba el área, pero entre los dos liquidaron la insistencia del delantero francés. Aun así la mejora con respecto a lo visto ante el Betis dos semanas antes fue evidente.

Hasta entonces ambos equipos se habían dedicado a tomarse la justa medida el uno del otro y a pesar de perder a Sergi Roberto por lesión el Barcelona supo hacer de la necesidad una virtud. La entrada de Rafinha Alcántara recompuso el 4-3-3 de las últimas jornadas, iluminando el segundo tiempo y devolviendo al partido su mística. El cuadro catalán supo mantener la concentración en un partido en el que los errores se podían pagar carísimos, pero en el primer despiste serio concedió el gol al rival tras fallar en la marca sobre Diego Costa, que puso el 1 a 0 sin apenas oposición.

Ya a la desesperada, Ernesto Valverde miró al banquillo y solo vio a un jugador especial. De los que estaban sentados junto a él solo uno tiene ese punto de imprevisibilidad, magia y hasta desconcierto por allá donde pasa como para poner patas arriba al Atlético en un partido que le salió según lo soñado, y ese era Dembélé. Entró por Arthur Melo a falta de diez minutos para el final y logró el empate en el descuento. Su castigo ya es historia. Ha funcionado y se ha resuelto igual que empezó: de principio a fin lo hizo todo él solito. Pero esta vez nadie le dejo en ascuas en la celebración, porque ningún jugador de Primera ha dado más puntos con sus goles que él. Esta vez le arropó todo el equipo.

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