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Ruben Uria BlogGoal

Del control absoluto al rincón de pensar

Pasaba reválida en Palma y el Atleti mostró su mejor versión: sin balón, magnífica presión tras pérdida magnífica; con balón, diferentes asociaciones más que decentes. Hábil por dentro y letal por fuera, con ambición y amplitud, el equipo de Simeone inclinó el campo, mandó en el devenir del partido, generó ocasiones y desde una superioridad abrumadora, siempre tuvo el control emocional del partido. Al notable en lo colectivo cabe añadirle otro en lo individual, porque Diego Costa, que se había quedado seco de cara a portería, cuajó un buen partido. En lo tangible, vacunó al Mallorca. En lo intangible, que es lo que pide a gritos el cholismo, por fin se pareció al Costa de antes: estuvo guerrillero, trabajador, presionante y carismático. Fue el primer defensa del equipo, el encargado de liderar la presión orientada y el hombre capaz de barrer el frente de ataque para goce y disfrute del niño Félix, que activa a los compañeros, filtra pases, aparece entre líneas y es una amenaza constante. Cuando el Atleti le encuentra, pasan cosas. Y la mayoría son un mal negocio para sus rivales. El chico tiene duende. Ahogada la salida del Mallorca, maniatado por la presión atlética y asfixiado por el ritmo de juego que le impuso Simeone, el equipo local nunca tuvo antídoto. Ni para frenar las alas colchoneras, ni para frenar a Joao Félix, ni para aguantar las embestidas de Costa. El Atleti, en modo posesión, firmaba un primer tiempo fantástico. Dominaba, ganaba, generaba y no sufría. Para todo lo demás, Thomas Partey. Mejor dicho, Don Thomas Partey.

En el segundo acto, con el 0-2 afortunado después de un disparo a la media vuelta de Joao que impactó en un defensa y el partido a buen recaudo, llegó “lo” de Morata. Se encaró con Xisco, le mostraron amarilla. Se siguió encarando con Xisco y también con Salva Sevilla y le sacaron la segunda. A la calle. Duró en el campo lo que dura un caramelo en el colegio. Ocho minutos. Conclusión: Sacas a un delantero centro teniendo el partido controlado y le expulsan por doble amarilla por protestar, logrando que el partido se abra cuando estaba cerrado y que los compañeros se tengan que pegar una paliza doble para cerrar lo que ya estaba sentenciado. De postre, Simeone no podrá tenerle frente al Real Madrid, cuando su intención era jugar con tres puñales un derbi que Morata tendrá que ver por televisión. Habrá quien pretenda culpar al colegiado de la decisión o incluso justificar la actitud del jugador argumentando – y puede que con razón- que nunca suelen expulsar a nadie por calentones así. Fenomenal, pero nada de lo que se pueda argumentar puede excusar a Morata. Es una lástima, porque su actitud desde que llegó al Atleti siempre ha sido modélica, pero esta expulsión debe invitarle a visitar, con urgencia, el rincón de pensar. Próxima estación: el derbi.

Rubén Uría

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