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Ruben Uria BlogGoal

Decálogo (inútil, pero necesario) para los críticos de Lemar

No es nuevo que Thomas Lemar es uno de los jugadores más criticados por parte de la afición del Atleti, sobre todo en las redes sociales. En realidad, es lógico: las expectativas eran altísimas cuando se le contrató y sus números no se corresponden con el rendimiento que se esperaba de él. Y sin embargo, conviene interiorizar en el de Guadalupe para comprender que una cosa es el nivel de críticas que viene sufriendo y otra, muy diferente, comprender qué hace en el Atleti, qué le pide el entrenador y qué es lo que aporta al equipo en cada momento. He aquí un decálogo, tan inútil - seguirán poniéndole a caldo por sistema- como necesario - el chico merece respeto-, sobre lo que realmente está sucediendo con Thomas Lemar. A saber:

El precio, arma arrojadiza. El Atlético se comprometió a pagar 70 millones de euros por el 70% de Lemar, una cantidad fortísima en un mercado inflacionado. Lo hizo justo antes del Mundial y en un momento en el que necesitaba convencer a Griezmann de que tendría un gran proyecto deportivo. Lemar fue la cuadratura del círculo pero ahora, sin tener el jugador culpa, se le responsabiliza del precio que pagó el Atleti por él. Por cierto, el Barça también quería fichar al jugador. Malo no sería.  

Brillar fue un problema. El debut oficial de Lemar con la camiseta del Atleti fue en Tallin, con motivo de la Supercopa de Europa, donde los colchoneros golearon al Madrid. Su actuación fue muy buena y completó una gran final. Eso sí, lo hizo siempre asociándose por dentro, partiendo siempre desde fuera hacia el interior del campo, conduciendo en muchas ocasiones y organizando el ataque. Son muchos los aficionados colchoneros que le exijan que esté siempre en ese nivel. Se entiende.

Contra su naturaleza. Cualquiera que haya visto jugar a Lemar podría intuir que iba a sufrir en un equipo tan rocoso, intenso, táctico y solidario como el Atleti de Simeone. Durante casi todo el año pasado, necesitó un periodo de adaptación enorme para, siendo un talento anárquico, comprender que lo único que importa en el Atleti es el equipo. Y que debía sacrificarse por el compañero. Es decir, se le fichó por ser un gran solista cuando en el Atleti lo que importa es el conjunto.

Reciclaje. Lemar venía de un equipo donde era estrella y en el Atleti es uno más. A eso, cabe unir que ha tenido que reciclarse para encajar en el espíritu combativo y gregario de Simeone. En su primera temporada, no acompañaba los movimientos del equipo. Ahora es uno de los que más y mejor comprende cómo se mueve el equipo en defensa y en fase ofensiva. Para un jugador que casi nunca defendía, es muy difícil reinventarse. Y Lemar lo ha hecho. Aunque eso no venda periódicos ni genere tertulias. El chico tampoco negocia el esfuerzo. Trabaja.

Lo que el ojo no ve. Condicionado por el dibujo innegociable de Simeone, Lemar ha tenido que asumir que debía reciclarse, futbolística y tácticamente. El equipo le necesita tirado a un costado y desde ahí, generar juego por dentro. En muchas ocasiones, no puede llegar fresco al ataque, porque se autoexige un desgaste físico tremendo haciendo coberturas a los laterales. Algo que no se aprecia en los resúmenes de TV y no captan las cámaras en los partidos, pero que aprecian sus compañeros. Decir "Lemar otra vez mal" es muy sencillo. Otra cosa es que sea verdad.

Pérdidas de balón. Una de las cosas que más le critican a Lemar son sus constantes pérdidas de balón. Es sencillo saber por qué es así. Es el jugador que más conduce del equipo – a otros les falta valentía y a otros, calidad- y además, el que más arriesga – de ahí las pérdidas-, porque al equipo le cuesta generar en el centro del campo, sobre todo en ataques estáticos. Y es muy fácil criticar a Lemar por perder la pelota pero..¿quién asume el rol de enganchar con los delanteros? No hace falta ser muy listo para ver que Lemar, por dentro, siempre genera fútbol.

La llegada. Algo que sí está en el debe de Lemar es su determinación para llegar al área. El equipo le necesita en su mejor versión, animándose a probar suerte con su gran disparo de media distancia. En más de una ocasión Simeone le ha pedido que sea más atrevido, que tire de galones y que no pida protagonismo, sino que lo busque. Si se asoma más al balcón del área, es mejor jugador. El cuerpo técnico intenta que el futbolista sea menos tímido a la hora de mostrar su calidad en los metros finales. A veces, hay que pedirle que sea más egoísta. Debe serlo.

El pase. Una de las suertes en las que Lemar debe mejorar su toma de decisiones. Sabe cortar de fuera hacia adentro, tiene una buena conducción y le gusta dividir las defensas. Y sin embargo, tiene que pulir su capacidad para pasar en el momento justo. Con Costa y Morata al espacio, debe tener la confianza necesaria para explotar más su pase en profundidad. Los compañeros deben pedírselo. Esta es, sin duda, la faceta en la que tiene más margen de mejora y en la que debe trabajar más. 

Los duelos. En un equipo que cuida al detalle la intendencia defensiva, Lemar es uno de los que más ha tenido que sufrir. Apenas mide 1.70, es muy liviano y sufre una barbaridad en los duelos con los rivales, tanto en el cuerpo a cuerpo, como en el balón aéreo. Y lejos de rendirse o rehuír el combate, se faja. Es veloz, pero le cuesta - lógico y normal-, ostener un ritmo de trabajo defensivo los 90 minutos. Y sin embargo, salta, rasca, cabecea y pelea. Y lo mejor no es que lo haga atentando contra su propia naturaleza, es que lo hace porque sabe que el equipo le necesita también en tareas oscuras. Si con Simeone no trabajas, no juegas.

Actitud. No hay día que no caigan furibundas críticas sobre Lemar. Y sin embargo, al chico, haya jugado más o menos, le hayan cambiado más o menos, haya sido titular o suplente, no se le recuerda una mala palabra ni un mal gesto. Otro jugador, fichado por un dinero tan importante, quizá se habría comportado de manera mucho más egoísta. Lemar no. Su actitud es inmejorable siempre: con los compañeros, con el club y además, con los aficionados. En eso, es ejemplar. Una cosa es decir que puede jugar mejor y otra, machacarle por sistema. 

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