Si uno repasa la trayectoria de Gaizka Garitano en la Primera división, sus mejores pasajes han tenido lugar durante su estancia a cargo del primer equipo del Athletic. Nada sorprendente si se tiene en cuenta que no ha contado con una plantilla de más calidad que la rojiblanca. Y sí, también con los de San Mamés ha pasado por circunstancias ciertamente complejas; la última todavía está tan fresca que conviene no poner la mano sobre la pintura hasta que se demuestre que ha secado.
Bien es sabido que la escasa variedad de propuestas que conforma el libreto futbolero de Garitano repercute negativamente en el desempeño de sus grupos de trabajo cuando pintan bastos. Ojo, que habrá quien esgrima que para el choque ante el Betis dio la vuelta al calcetín y no ha resultado nada mal desde esa fecha. No lo negaré. Los hay que se malician que el técnico fue al ultimátum verdiblanco con los apuntes de otro, pero también se puede pensar que el conejo que sacó de la chistera era exclusivamente suyo. Poco importa si permite mejorar lo anterior y si la vuelta de tuerca no redunda en flor de un día.
Tras el enfrentamiento de hoy ante el Celta llegará la visita a Mestalla, pistoletazo de salida de una yincana inusual en nuestro fútbol, que llevará a los leones a disputar diez encuentros ligueros en tan solo 30 días. A los que habría que sumar, acto seguido, otros dos de una Supercopa de España que ahora mismo está en el alero por la supuesta renuncia de los saudíes a acoger la final a cuatro (10-13 de enero).
Se acercan, por tanto, curvas pronunciadas, enormes derroches físicos, rivales de campanillas y, fundamentalmente, un pista americana a la que no está acostumbrado el conjunto rojiblanco. El cuerpo técnico tendrá que estar preparado para distribuir cargas, aceptar los problemas físicos que vayan apareciendo, reaccionar con agilidad ante picos y valles de forma, sin olvidar que las tarjetas dejarán caídos por el camino. Será en definitiva un mes en el que la acumulación y la variedad de los acontecimientos precisará de una gestión inteligente de recursos escasos. Unas semanas en las que primará la cintura de Garitano y sus colaboradores por encima de sus preferencias personales. La plantilla al completo debería sentirse protagonista para aportar en cuanto fuera menester.
Hasta la fecha, de entre los que menos han contado para Garitano, destacan sobremanera Lekue, Zarraga, Ibai, Córdoba, Iñigo Vicente y Kodro. La gran mayoría de ellos provistos de un perfil netamente ofensivo. Habrá quien piense que no es casualidad que Garitano racanee con la presencia de jugadores de este corte en el césped, pero no debe soslayarse que cada uno de los casos cuenta con un porqué particular.
Sea como fuere, ya se ha conocido que amén del sancionado Iñigo Martínez y del lesionado Nolaskoain, el preparador de Derio ha prescindido de Córdoba y de Zarraga para el partido ante el Celta. Al menos Zarraga estará disponible para contar con minutos con el Bilbao Athletic. Quien sí ha sido convocado es Kenan Kodro, que aunque la semana pasada contaba con el alta médica, no fue llamado para viajar a Getafe. Precisamente, la última ocasión en la que Garitano se quejó en rueda de prensa de no contar con más delanteros. Un argumento que gusta de repetir al entrenador del Athletic y al que los hechos van corrigiendo, tercos como son.
Cuando a comienzos de noviembre el Athletic se hallaba enmarañado en una serie de malos resultados a domicilio, al míster de los leones se le cuestionaba sobre Villalibre, que no acababa de aparecer en el once titular. Así se expresaba Garitano en la víspera de la derrota en Valladolid: “El problema no es de él, es que no tenemos delanteros. Comparado con el resto de plantillas de 1ª división somos los que menos delanteros tenemos, por lo tanto que juegue de titular con Williams, que es algo que nos gusta mucho, nos dejaría sin delanteros en el banquillo. No tendríamos ninguno, cuando cualquier equipo tiene uno o dos para sacar. Nosotros no tenemos eso y tenemos que hacer los planes de partido en base a que sabemos que en el minuto 50, 60, 70 o en el descanso necesitamos tener un delantero fresco para salir”.
Podría decirse que en cierto modo no le faltaba la razón. Con Iñaki Williams tratando de rendir como ariete y con un Kenan Kodro que había pasado por el quirófano tres semanas atrás, Asier Villalibre era el segundo y último delantero centro disponible. Y el de Derio afirmaba necesitarlo como opción de refresco... hasta que no le quedó otra que tragarse su discurso palabra a palabra. Llegaba el Betis a San Mamés y Garitano sabía que eran lentejas. O ganaban a los sevillanos o no habría más funciones. Así las cosas, prescindió de su tan necesario delantero de refresco y alineó a Villalibre de 9 con Williams en la banda derecha. 4-0. Bingo.
Una semana más tarde tocaba viajar al feudo del rocoso Getafe. Quien más quien menos intuía un once más reservón y granítico, pero no. Mandó salir a los mismos que ante el Betis. En la rueda de prensa posterior al empate ante los madrileños, Garitano justificaba la igualada volviéndose a despachar en términos similares a los de ocasiones anteriores.
“Nos ha faltado frescura. No tenemos un delantero de refresco para salir los últimos 20 minutos”. Una verdad a medias, que es tantas veces la peor de las mentiras. Kodro, al igual que Ibai –que sí estaba presente en la convocatoria– había recibido el alta médica y habría podido viajar para “salir los últimos 20 minutos”. Algo que habrá que ver si sucede hoy frente al Celta, ya que Kodro se encuentra entre los 23 llamados.
A nadie se le escapa que el delantero donostiarra no se encuentra entre los favoritos del técnico ni entre los más mimados por la afición. Pero sus apariciones –al igual que sucedía hasta hace bien poco con las del Búfalo de Gernika– no arrojan guarismos tan vulgares como para ser despreciados. Desde que llegara de Dinamarca como primer fichaje de la era Garitano, Kodro ha participado en 25 partidos, entre los que solamente una vez ha disfrutado de todos los minutos. En total han sido 543 minutos en los que ha marcado 3 goles, lo que supone un tanto cada 181 minutos. Una diana cada dos encuentros.
Realizando una rápida comparativa con la huella de Villalibre en el primer equipo, el atacante de Gernika se ha vestido de rojiblanco 41 veces durante 1.222 minutos y ha perforado la meta rival en 6 ocasiones. Un gol cada 203 minutos o un tanto cada 2,26 partidos. A pesar de que en los dos casos referidos las muestras son relativamente pequeñas, los números no parecen ser como para afirmar que “no tenemos delanteros de refresco”. Quizá habría que expresarse de un modo más taimado y, sobre todo, más respetuoso con los activos de la plantilla. Al fin y al cabo, Williams, que durante muchos años ha pasado por ser una de las alternativas por las que más se ha apostado en ataque, tiene unos registros goleadores de un gol cada 322 minutos. Un acierto cada 3,58 choques.
No se trata tanto de establecer comparativas entre unos y otros. Tampoco se debe vivir con la sombra de Aduriz permanentemente presente. Pero en lo que no debería caerse es en la tentación de despreciar a todos aquellos que entrenan al máximo nivel en Lezama, a los que jamás muestran queja alguna con su situación, a quienes han apretado en el césped las veces que se les ha concedido una oportunidad. Lo contrario, podría llevar a pensar que desde el banquillo se está volviendo a mirar al sur de Italia, a pesar del sonrojo simpar vivido hace escasas semanas.
Los buenos gestores de equipos humanos no denuncian cada lunes y cada martes las presuntas carencias de sus grupos de trabajo. Menos aún en una entidad cuya idiosincrasia limita tanto las opciones externas como sucede con el Athletic. Con Williams, con Villalibre, con Kodro, con Raúl García o con el Lucero de alba, pero sin orear constantemente un lamento que persiga ocultar las limitaciones del patrón. Hoy, igual que siempre, al fútbol se viene llorado de casa.


