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Atlético Madrid

Correa vuelve a agitar la coctelera de Simeone

18:03 CET 22/12/19
Correa-Morata, Atlético de Madrid

El Betis puso la poesía y el Atleti cobró los derechos de autor. Condenado a ser una máquina de empatar partidos en la primera vuelta por su falta de gol, el equipo de Simeone sacó la pegada del baúl de los recuerdos y sacó a pasear la dinamita perdida cuando más lo necesitaba. Correa, en modo agitador de partidos – que es su mejor registro se ponga como se ponga el tendido siete-, abrochó la victoria colchonera en Heliópolis. Sustituto de Lemar -otra oportunidad al limbo-, el argentino desplegó su catálogo y desatascó a su equipo. Primero, dio un master-class de su mejor recurso: recibir, girar y encarar. Segundo, intuyó un error defensivo, recuperó una pelota de gol, tuvo sangre fría para regatear el portero y logró vacunar, su otra asignatura pendiente para ser un jugador de campanillas. Y tercero, encontró una pelota en tierra de nadie, la protegió como si fuera un diamante, la puso cuando entraba Morata y el delantero centro colchonero la mandó a guardar con un taconazo digno del mejor museo de su colección particular. El Betis jugó más, la tocó más, la tuvo más, llegó más y percutió más. Pero concedió en su área y en la rival. El Atleti la tuvo menos, llegó menos y percutió menos, pero mandó en ambas áreas y por eso acabó conquistando tres puntos vitales para seguir creyendo que acabará enderezando la nave y alcanzando sus objetivos.

Más allá del microcosmos Correa, determinante para la suerte del duelo, el Atleti sigue teniendo roles por mejorar y cuestiones por resolver.  Necesita acoplar definitivamente los laterales, lograr que Giménez -vital para Simeone-recupere la forma cuanto antes, intentar que el mediocampo no se parta y encontrar mucho más a Joao Félix para que sea más amenaza de lo que es. ¿Y el gol? Pues Morata necesita muchas ocasiones para enfucharla, pero da lo que tiene, trabaja como el primero y se entrega a tope. Tiene mucho por corregir, es obvio, pero poder hacerlo es siempre mucho más fácil cuando la confianza sigue intacta y los resultados llegan. Entre otras cosas, porque febrero está a la vuelta de la esquina y enfrente estará el Liverpool. El Atleti no lograba dos victorias ligueras seguidas desde septiembre y esta ante el Betis llega como maná llovido del cielo para Simeone, que debe pensar que Dios aprieta, pero no ahoga. Aunque en su caso, quizá el refranero popular sea otra cosa: A Dios rogando y con el cholismo dando. El Atleti se va al parón sabiendo que todo le cuesta un mundo y tiene tajo por delante para volver a ser el equipo temible que un día fue, pero se comerá el turrón con la conciencia tranquila. Tenía que ganar y ganó. Venía necesitado. Ahora llueve menos. Entre otras cosas, porque Correa agitó la coctelera rojiblanca cuando más lo necesitaba Simeone.

Rubén Uría