Por Juan Yagüe
Llegó la hora. Era el mes de diciembre cuando el (segundo) sorteo de los octavos de la Liga de Campeones emparejaba al Atlético de Madrid con el Manchester United. El impedido cruce del fallido primer intento se anunciaba de manera irónica en el segundo. En aquel momento, los Red Devils estaban estrenando entrenador y se esperaba una revolución a través del vanguardismo y la intuición de Ralf Rangnick. Al final todas esas expectativas quedaron en el limbo porque los del Norte de Inglaterra han cambiado más bien poco desde la llegada del teutón a Carrington. Más de lo mismo.
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Ni Cristiano Ronaldo ha conseguido acercarse a su mejor nivel, ni Jadon Sancho luce, ni Bruno Fernandes alcanza ese pletórico rendimiento que tuvo al llegar al Teatro de los Sueños. Mientras tanto, David De Gea sigue completando una de las mejores temporadas de su carrera, Raphael Varane sigue con deficiencias para adaptarse por completo al fútbol inglés y Paul Pogba sigue siendo como un ordenador viejo. Tiene mucho caché y poco rendimiento. Pero vamos por partes.
La primera certeza del United es que el impacto de Rangnick, a nivel de juego, ha sido más bien escaso. Sin embargo, a nivel de resultados el cambio a mejor es evidente. De las últimas catorce jornadas, ha sacado veintinueve puntos. Su arranque fue fiable e incluso consiguió sacar resultados meritorios como el empate frente al Chelsea en Stamford Bridge o la victoria frente al Arsenal, además de asegurarse el primer puesto en la fase de grupos de la Liga de Campeones.
En cambio, las dudas han ido apareciendo desde el arranque del año. Eliminado en casa ante el Middlesbrough (equipo de Championship, segunda categoría del fútbol inglés) en la FA Cup y empates ante equipos de la parte baja como Aston Villa, Southampton, Newcastle United y Burnley. Por no hablar de la derrota como local ante el Wolverhampton Wanderers, rival directo por la cuarta plaza.
El equipo sigue sin funcionar. La vertiginosa apuesta por Cristiano Ronaldo en los últimos días de mercado hacía saltar por los aires toda la estructura del proyecto. El United varió su estilo dentro y fuera del campo para apostar por el éxito inmediato (el periodo que le quede al portugués al más alto nivel). Para ello, se tuvo que modificar el planteamiento táctico para satisfacer (y explotar) la voracidad del luso. Con ello, jugadores como Sancho, Rashford o Greenwood (ahora apartado del equipo por problemas con la justicia), perdieron minutos de expansión, continuidad y confianza. Fernandes cedió libertad y área de influencia y Edinson Cavani se quedó con un papel residual. Y por ello Martial ha acabado saliendo en enero.
Al United sólo le queda la carta de la Copa de Europa. No tiene más. Y la pelea por el cuarto puesto en el fútbol inglés como obligación a cumplir. Y quitando el partido frente al Watford del próximo sábado el calendario que tiene es para echarse a temblar. El doble envite con el Atlético, el derbi frente al Manchester City, recibir al Tottenham y medirse al Liverpool en Anfield antes del parón de selecciones de finales de marzo. Se lo juega todo ahora. Ya.
El Atlético tiene opciones. El equipo mancuniano concede espacios y ocasiones. No sabe a qué juega. Ni tan siquiera lo que le va bien. Tiene talento a espuertas con Sancho, y Fernandes, gol con Cristiano y Cavani, solidez y despliegue con McTominay y Fred. Pero no es un equipo fuerte a nivel defensivo (recibió dos goles del Leeds el domingo en menos de dos minutos de reloj) y ha dejado la portería a cero en uno de los últimos nueve partidos. El talento del equipo de Simeone tiene motivos para confiar en poder hacer daño a un equipo histórico pero a la vez endeble.
No tiene por qué haber complejos. El United tiene buenos futbolistas. Varios. Pero, pasando revista a las dos plantillas, el equipo que rebosa talento en ataque es el Atleti. Joao Félix, Griezmann, Lemar, Koke, Correa, Llorente… Esa pléyade de atacantes tienen más fútbol que Lingard, Fred, Pogba, Fernandes, Sancho o McTominay (como conjunto). Incluso el invisible apartado de la experiencia cae del lado colchonero. La última vez que los Red Devils estuvieron en cuartos de final de la Champions League fue en el año 2019 (perdieron frente al Barcelona). Y la anterior fue en 2014. Desde entonces, el Atlético ha estado en finales y semifinales en varias ocasiones. Saben de qué va esto mejor que los ingleses.
Será difícil. Es un equipo histórico que no regalará nada y tiene una reputación y una historia en su escudo. Pero no es aquel titán inglés que ganaba títulos a espuertas y poseía ese aura de todopoderoso que resultaba, de por sí, un hándicap a combatir. Tiene a Cristiano y otros motivos para preocuparse. Respeto todo pero miedo ninguno. Porque como bien se sabe, el Atlético nunca deja de creer. Y si la vuelta es en el Teatro de los Sueños, el Wanda Metropolitano puede llegar a convertirse en su peor pesadilla.





