En LaLiga les separan 17 puntos, pero los Clásicos siempre son imprevisibles. Igualada, emocionante, con goles y con mucha intensidad, la semifinal de la Supercopa de España confirmó dos circunstancias: la superioridad del Real Madrid a campo abierto y el paso adelante que el Barcelona ha pegado con la llegada de Xavi Hernández al banquillo. El Barça miró a los ojos al Madrid tras mucho tiempo sin atreverse a hacerlo. Y le amenazó hasta el final de la prórroga manteniendo el cambio táctico de tres defensas incluso después de haber conseguido el empate a siete minutos del 90. Hace pocas semanas, ante los goles del rival, el equipo azulgrana no era capaz de responder. Bajaba la cabeza, los hombros decaían y los ánimos ya no se levantaban. En esta Supercopa, los catalanes estuvieron vivos hasta el final.
El Madrid aprovechó sus virtudes para hacerle daño a un Barça que en transiciones defensivas se vio superado. De hecho, los tres goles blancos llegaron a la contra, con Kroos y Modric siempre inteligentes buscando a Vinicius Jr, mientras que las ocasiones de peligro los blaugrana las generaron con paciencia y abriendo el campo para que Dembélé volviese loco a Carvajal. Todos quisieron imponer su juego y complicarle la vida a su rival con sus estilos favoritos. Y pese a la obligación de tener que dirimir un ganador, la actuación de ambos equipos fue notable.
El Madrid sigue teniendo el poderío que le ha hecho grande en los últimos años y que le ha convertido en cuatro veces campeón de Europa en las últimas ocho temporadas. Además de la visión y equilibro que dan los tres líderes del centro del campo -Kroos, Casemiro y Modric-, Benzema sigue siendo referencia y Vinicius se ha convertido en uno de los futbolistas más desequilibrantes del mundo. Incontestable en el uno contra uno, el brasileño encima ha conquerido el terreno que le faltaba para ser uno de los mejores del planeta: el gol. Y lo demostró ante el Barça, en la primera ocasión que tuvo a la contra. Benzema y Valverde también aprovecharon su oportunidad, pero los azulgrana nunca se rindieron, con un Luuk de Jong que, en estado de gracia, se encontró con una pifia de la defensa blanca tras la insistencia de Dembélé a un tris del descanso y con la aparición de la gran esperanza blaugrana, Ansu Fati, que empató a pocos minutos del final.
El hispanoguineano está tocado por una varita. La primera que tuvo ante el Real Madrid, de la misma manera que hizo ante el Levante tras diez meses de baja por una grave lesión de menisco, la metió dentro y permitió al Barça jugar una prórroga que nadie esperaba. El Madrid más maduro se impuso a un Barça joven de presente ascendente y de un futuro prometedor, con todas las miradas puestas en Ansu, Gavi y el mismo Pedri, que sobresalió en su regreso. "Estamos más cerca de ganarles", dijo Gerard Piqué tras terminar el encuentro. "El equipo ha jugado a un nivel muy alto. Son grandes noticias, la única negativa es que nos han ganado y nos vamos a casa", expresó el central barcelonés. El Clasicazo de Arabia se lo terminó llevando el Madrid. Ahora, los blancos esperan rival en la final: Athletic Club o Atlético de Madrid.
