Desde que llegó que se cansaron de compararlo con Juan Román Riquelme. Y ante Caracas, demostró por qué: Edwin Cardona fue la figura de Boca en su primer partido y le dio a Miguel Ángel Russo todas las soluciones que necesitaba su equipo para dejar atrás las pocas críticas que había recibido tras el parate por coronavirus.
Desde la izquierda, pero no estacionado en la banda, el colombiano hizo jugar a todos. Empezó pegadito contra la raya, pero también se cerró hacia el medio cuando aparecieron los espacios. Frank Fabra, a lo Clemente Rodríguez, fue su mejor coequiper. Pero también se encontró varias veces con Carlos Tevez y, entre los tres, hicieron olvidar por un rato aquella "Salviodependencia" que supo exhibir en fechas anteriores.
Su presencia, además, cambió el ritmo, habitualmente vertiginoso, con el que solía jugar el Xeneize. Y es que la pausa que ofrece el cafetero ayudó a Pol Fernández a administrar mejor algunos ataques. Con el despliegue de Nicolás Capaldo y Julio Buffarini, fue encontrando por ambos costados las sociedades que parecía que había perdido desde el retorno de la actividad: con pases cortos entre líneas, el conjunto de Miguel se movió más como un bloque en cada avance ofensivo, sumando gente por afuera, con los dos laterales, y por adentro. Tanto así que hasta los arrebatos individuales de Salvio o el Apache estuvieron lejos de la efectividad de los primeros encuentros.
Lo cierto es que Cardona pareciera haber entrado para nunca más salir. Sin Sebastián Villa, Boca habrá perdido el surco que solía quedar en la izquierda junto con su desequilibrio, pero ganará en juego colectivo y en claridad a la hora de atacar. De los centros a la tribuna a los pases profundos riquelmeanos, al mediocampista le alcanzó un partido para demostrar por qué Román tenía razón en irlo a buscar. Y en por qué, con otras características, puede ser la mejor solución.
