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Pablo Perez Gago River Boca Final Copa Libertadores 2018ALEJANDRO PAGNI/AFP

Boca, con la sangre en el ojo

"¿Por qué no le dan la Copa a River y listo?". El mensaje del vestuario de Boca emana calentura. Contra la contra. Contra CONMEBOL. Contra todos. El plantel del Xeneize fue agredido y no se sintió acompañado. Ahora, deberá volver al Monumental para, efectivamente, jugar el partido. Y para jugarlo con la sangre en el ojo.

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La calentura tiene varios receptores, pero el principal apunta hacia los directivos de la organización. Los mismos que obligaron a que se juegue el partido cuando Pablo Pérez dejó la cancha para hacerse ver en un hospital junto con otros dos compañeros. Los mismos que emitieron un comunicado médico asegurando que los futbolistas estaban para jugar, sin tener en cuenta el momento que habían atravesado hacía instantes. Los mismos que no sintieron empatía ni por los protagonistas ni por todo el público que estaba en la cancha.

"Primó el sentido común", declaró Alejandro Domínguez, a las 19.30 -horario en el que el encuentro ya debía haber finalizado-, cuando se confirmó la suspensión. ¿Qué sentido común? ¿El que no primó un rato antes, cuando hicieron volver al capitán xeneize en una ambulacia para que demuestre que no estaba en condiciones de jugar? ¿El que no primó para tomar una decisión y obligar a los clubes a ponerse de acuerdo?

Fue un papelón, sin vueltas. Era el condimento que le faltaba a una final a la que no le faltaba nada. Y los jugadores, los principales afectados, saldrán a la cancha con un combustible más.

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