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Ruben Uria BlogGoal

Biberones y violines; Saúl y 'Replicantes'

Bienvenidos a la realidad. El Atleti no es un Ferrari, pero se agarra en las curvas como un Panda. Bajaban los lobos con bufanda y el teléfono de los fontaneros no paraba de sonar porque las tuberías del vecindario parecían estalactitas, pero los atléticos entraron en calor. De entrada, porque salieron airosos de un duelo reñidísimo ante un señor equipo como el Sevilla FC. Que lo intentó casi todo y aunque no le salió casi nada, miró a los ojos al líder. Los entrenadores jugaron al ajedrez en en el Metropolitano. Algunos lo disfrutaron, otros lo afearon. Unos hablaron de táctica y otros, de tedio. La clave, la contundencia. El Atleti enchufó dos de las cuatro que tuvo, al estilo del mejor Tyson, mientras que el cuadro andalluz no castigó cuando tuvo oportunidad. La vieja ley no escrita de la pegada. Esa que se odia cuando te juega en contra y que se adora cuando el gol te sonríe. El Sevilla murió de pie demostrando ser un equipazo y el Atleti sacó adelante un envite envenenado. Con eso, el atlético de a pie entró en calor. Nada mejor que ver la clasificación para combatir el frío. 

Sobrevolando la intrahistoria del partido, la mala noche que pasaron los del 'ya caerá el Atleti'. Favorito, dicen. Para descorchar la noche, Simeone fue elegido mejor entrenador de la década, por delante de Guardiola, Mourinho y Klopp. Sus inquisidores rabiaron, las redes crepitaron y la crítica se quedó con cara de empate a cero. La noche mejoró para la hinchada atlética cuando la victoria del equipo puso a hervir el contenedor de bilis de algunos popes de la profesión que, incapaces de poner en valor las herramientas del equipo colchonero, insistieron en que el Atleti les aburría. La relación entre sus gustos y los atléticos es directamente proporcional. Cuanto más insisten en que el Atleti es industrial, metalúrgico y monótono, más se divierte la colchonería. A cada queja amarga le sucedía una carcajada primero y un biberón después. Y a cada reproche estético, le respondía clasificación. Faltaron manos para buscar el famoso “gif” del viiolinista en trance: la realidad es que los balbuceos de parte del periodismo son música celestial para los oídos atléticos. Violines para todos.

De propina, llegó la traca final. A Saúl Ñíguez, autor del segundo tanto rojiblanco, le salió el corazón por la boca. Si en la debacle copera admitió que no está bien mentalmente, anoche volvió a mostrar valentía y entereza para reconocer que está poniendo el alma para ver la luz al final del túnel. Confesó que está encontrando muchos obstáculos y que hay gente negativa, poniendo sobre la mesa que el fútbol es un estado de ánimo. Así que, con una humildad extrema, agradeció el apoyo incondicional que un grupo de aficionados atléticos - "Replicantes 1903", para más señas-, le brindó cuando peor lo pasaba. Saúl, cuya carrera está jalonada de golazos de todos los colores, marcó anoche el mejor tanto de su carrera. Y el más difícil. El de convertir los sentimintos en palabras. El de no bajar los brazos. El del trabajo, que siempre paga. Escuchar a Saúl, a corazón abierto, fue un golazo. Se acordó de la gente y puso el punto emotivo y final a una gran noche atlética, redescubriendo el secreto de su club. El gran patrimonio del Atleti es su gente. Sin gente del Atleti, no hay Atleti.

Rubén Uría

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