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Barcelona, esto ya sí huele a final de ciclo


OPINIÓN

Los más jóvenes no lo recordarán pero hubo una época -empezó más o menos con el resurgir del Barcelona de la mano primero de Ronaldinho y Rijkaard y luego de Messi y Guardiola- en la que muchos expertos analistas de renombre (sic) vaticinaban el anhelado "fin de ciclo" de un cuadro azulgrana que enlazaba una época gloriosa tras otra mientras el Real Madrid chocaba reiteradamente -hasta seis veces fueron- en los octavos de final de la Champions League.

Era un tiempo de absoluto dominio azulgrana, de aplaudimientos al cuadro barcelonista en un Santiago Bernabéu que todavía no se imaginaba la de veces que vería a su Real Madrid morder el polvo en su propia casa frente al eterno rival durante los años venideros y en la que hasta se vio lo impensable en la Casa Blanca, que a pesar de su orgullo y su soberbia, organizó una rúa por las calles de la capital para celebrar una simple Copa del Rey en 2014. Sí, la que acabó aplastada por el autobús de los campeones. A eso redujo el Barcelona al club blanco.

Fue un periodo que todo barcelonista disfrutó, quien más quien menos pero prácticamente todos pasaron por ahí en un momento u otro, dejándose caer por determinadas tertúlias cuyos portavoces, por llamarles de algún modo, se regodeaban en fantasear con el mil veces repetido fin de ciclo desde tiempos inmemoriales. "Braman, luego cabalgamos" podía sentir cualquier aficionado culé ante tamañas descargas de bilis. La ecuación era sencilla: a más espuma que soltaba el tertuliano por la boca, más gozo sentía el culé, ya de por si extasiado por una época que no había vivido en su vida.

10 de las últimas 16 ligas son azulgrana

Y no hay para menos. Desde el año 2004 el Barcelona ha ganado diez de las dieciséis ligas disputadas y ha levantado la Champions League en cuatro ocasiones, ha ganado el título que le faltaba -el Mundial de Clubes- y ha sentado cátedra por sus jugadores y la forma de utilizarlos pero el ciclo glorioso, ahora sí, llega a su fin. Primero se fue Puyol, luego Valdés, también Xavi y el último ha sido Iniesta. Sólo quedan Piqué, Busquets y Messi, el auténtico responsable y el denominador común de un ciclo que ha durado quince años, porque acabó hace un año en Anfield.

Aquella derrota, de idéntico resultado al partido que enterró al dream team en Atenas a manos del Milan en 1994, sólo fue el inicio de un fin que si se ha alargado ha sido por la indómita calidad del rosarino. No es una locura pensar que este Barcelona es un equipo mediocre sin él si bien la presencia de elementos como Ter Stegen, De Jong, Lenglet y los jóvenes Riqui y Ansu invita a pensar en un nuevo ciclo ganador dentro de no demasiado tiempo a poco que se piense y se trabaje en el futuro de forma coherente.

Para eso, no obstante, habría que dejar de pensar en un presente sin demasiado recorrido, algo que no da muestras de suceder ni siquiera hoy, tras tres duras eliminaciones consecutivas en la Champions League y después de haber dejado escapar LaLiga ante tan poco Real Madrid en la era de un Messi al que, horror, sólo le queda un año más de contrato con el Barcelona.

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