Rubén Baraja y su escudero, Carlos Marchena, tienen muchísimo más mérito del que se le está dando de tener al equipo fuera de las posiciones de descenso a falta de cinco jornadas, haga lo que haga esta noche el Espanyol en el Sánchez Pizjuán de Sevilla, tras el empate que se sumó ante el Villarreal tras un partido donde con mucha garra, el equipo logró levantarse del gol de Jackson y no irse de vacío.
Baraja lleva doce partidos como entrenador del Valencia CF, en los que ha logrado 14 puntos de los 36 que se han puesto en liza y con ello no alcanza ni el 50% de los puntos que ha podido ganar el equipo. Sin embargo, pienso honestamente que tiene mérito. Y el mérito que tiene Baraja es que el equipo no se ha caído, sigue dando muestras de estar vivo y pese a haber entrado varias veces en posiciones de descenso ha conseguido volver a salir.
Y tiene mucho mérito, porque más allá de que como entrenador seguro que tiene mil cosas que corregir y mejorar, mantener viva a esta plantilla tan mal configurada y con tantas carencias, para mí es de nota alta. Mantener vivo a este Valencia CF con la crisis social que está azotando a la entidad es de nota alta.Porque poner la cara por este equipo y por ende llevarse muchos palos que deberían llevarse los que han traído al Valencia hasta aquí, también es de nota alta.
Yo, a Baraja le agradezco que quisiera venir cuando prácticamente nadie quería hacerlo y que esté manteniendo el tipo sin poner muchas excusas. Porque sinceramente creo que podría poner muchísimas excusas y no las pone. El pasado domingo en Cádiz tuvo que rotar por absoluta necesidad, no por una decisión técnica y el valencianismo le señaló como responsable de la derrota.
Baraja lejos de salir y contar que que Gayà estaba al límite, que Paulista y Cavani literalmente no podían jugar, que Almeida está tieso físicamente y que no lo podía arriesgar, o que Nico no está para aguantar más de 60 minutos, o que después de ellos tiene que jugársela con un nano que está saliendo mejor que bien, no tiene absolutamente a nadie más, asumió las críticas y se cargó en su mochila el peso de las decisiones como si fueran deportivas. Eso es algo que ya ha hecho en unas cuantas ocasiones desde que llegó y lo ha hecho porque sabe que el equipo está en el alambre y que si no lo sostienen él y Marchena se cae.
El hoy entrenador del Valencia CF, asumió el cargo para meses, con un contrato económico mínimo y en unas condiciones que no han tenido ninguno de los últimos técnicos, que han sido engañados pero se han llevado indemnizaciones millonarias. Baraja vino por sentimiento y lógicamente porque era seguramente su única oportunidad, pero también sabía perfectamente que con Lim al frente había muchos más números de que esto le saliera mal que bien. Me consta que el Pipo no mira más allá del 4 de junio que acaba la Liga, porque sabe al dedillo cual es la situación y el caos absoluto que es hoy el club.
Él sigue convencido de que lo van a lograr y que va a dejar al equipo en la primera división del fútbol español. Es su compromiso con los suyos y con el valencianismo, al que le quiere devolver todo el cariño, manteniéndolo en la máxima categoría. Me duele que algunos le pasen a machete algunas decisiones deportivas, pero que nadie repare en que está teniendo que tirar mano del filial para que sean importantes porque la plantilla es la peor de la historia reciente de la entidad.
Siempre fui de Baraja y ahora lo soy más que nunca. Porque ha sido valiente, ha echado bemoles y principalmente porque no está llorando por cuestiones que otros llevarían semanas diciendo para protegerse. Compite con lo que tiene y sabe que se va a sufrir hasta el último partido, pero estoy convencido de que va a salvar al Valencia CF del descenso. Luego, si yo fuera él, me iría.




