Como si hubiese sido una premonición de lo que sería el desarrollo del partido de esta noche, tanto jugadores como cuerpo técnico de Atlético Nacional había "advertido" que esta final se afrontaría de acuerdo a la circunstancias.
Si había manera de jugar, intentar poner la pelota al piso, con posesión para estar más cerca del ataque, se haría. Si por el contrario había que irse al otro lado, al juego físico, competitivo y combativo, también.
El libreto del Verde se amplió, agregó unas líneas a las que antes no se tenía en cuenta y se hizo más completo. En la zona más cómoda de Tolima, la competitividad y disputa intensa del balón, Nacional también supo hacer el trabajo.
Además se repuso del golpe, igualó y sacó ventaja, leve, pero la sacó en casa para ahora pensar en cuál será la mejor estrategia en Ibagué. A diferencia de otros semestres, este equipo de Herrera se adapta, cambia, se reorganiza.
Y ese cambio viene de la mano del técnico, que hoy volvió a meter mano cuando vio que el plan A no funcionó. Herrera sacó la carpeta del Plan B, volvió al 4-1-4-1 sin pensar dos veces y salió a ganar o morir. Le salió, ganó, siendo superior al rival que no es poco.
Este Nacional desde varias aristas de actitud, propuesta y juego, es otro distinto. Se enriqueció entendiendo que a veces toca quitarse el frac para ensuciarse con barro y ganar con el cuchillo entre los dientes. Y Nacional va por el título de Liga, no por el título de meritocracia, entonces le sirve.




