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Ruben Uria BlogGoal

Al fondo siempre hay sitio

Los goles no se merecen, se marcan. La contundencia se tiene o no se tiene. Y el Atleti, todavía en obras aunque a sus críticos no les guste reconocerlo, no tiene gol. No lo tuvo ni ante la Real, ni ante el Celta, ni ante el Valladolid, ni ante el Valencia, ni ante el Granada, ni ante el Real Madrid, ni ante el Granada, ni ante el Sevilla y por supuesto, tampoco lo tuvo ante el Barça de Messi que, si de algo va sobrado, es de instinto asesino. Simeone, que lleva desde el principio de curso denunciando el mal endémico del equipo, asume con rabia que los suyos necesitan generar ocho claras para hacer un gol, mientras que los rivales necesitan bastante menos. Y no es que el Atleti haya sido nunca una máquina de hacer goles, pero siempre encontraba el camino para vacunarlos. Hoy el cuento ha cambiado y el Atleti, antaño dominador de ambas áreas, la suya y la rival, ahora concede en la suya y perdona en la del contrario. La falta de definición, está condicionando todo el curso del Atleti. Esa es la realidad. Habrá atléticos que quieran comprenderla y otros que prefieran culpar a Simeone. Que cada palo aguante su vela. 

Ante el Barça, el Atleti fue intenso, valiente, generoso y decidido. Generó fútbol y ocasiones, dominó durante varias fases del partido y cumplió con todos los requisitos para poder ganar, menos con el más importante: marcar gol. Lo pudo merecer o no, pero no lo marcó. Y uno, dos, cien, mil o un millón de atléticos y no atléticos pueden culpar a Simeone de lo que quieran, pero la realidad es la que es, que esta no es "la mejor plantilla de la historia" como nos vendieron en verano - mejor dicho, como les venden cada verano-, simplemente, porque no tiene gol. Anoche, nada más acabar el partido y con la hiel de la derrota en los labios, Simeone tenía dos caminos. Uno, culpar a sus jugadores de no meterla ni en una piscina olímpica, decir que el club sólo se gastó parte del dinero por el que vendió, que con estos jugadores no se llegará muy lejos y que todo es un desastre. Y otro, recoger a sus heridos, sacar la cara por sus futbolistas, reconocer la falta de gol, reconocer que ahora no están para preocuparse por Barça y Madrid, confesar que ahora mismo falta mucho por trabajar y pedir unidad porque ahora el ánimo es delicado y el equipo se está acostumbrando a no ganar. 

Como a Simeone le van a dar palos haga lo que haga o diga lo que diga - le zurraban ganando así que imaginen ahora que no lo hace-, bien harían los atléticos en tener algo de cuello. Lo pueden girar arriba, para darle un vistazo a la planificación deportiva del verano, tapada por un 7-3 tan festejado como estéril ahora mismo- o lo pueden girar abajo, para fiscalizar el trabajo de los que tienen que sacar este equipo herido adelante. La realidad es que la fuerza del lobo está en la manada y la del Atleti siempre estuvo en su unión. En las buenas- cuando muchos presumían de no dejar de creer-y en las malas - ahora que muchos dejan de creer-, la fuerza del Atleti está en su unidad impenetrable. El Atleti, empeñado en suicidarse por su alarmante falta de gol, está ahora mismo en una encrucijada vital: rearmarse moralmente, trabajar y seguir creyendo, o seguir culpando a Simeone de algo de lo que es responsable, pero no culpable.

El Cholo es el mismo técnico que ha mutliplicado la facturación del club, es el mismo que ganó ocho títulos en ocho años y es el mismo que puso contra las cuerdas a Madrid y Barça, teniendo menos armas que ambos. Si el fin último de las mútliples quejas, si el fin último de los críticos consiste en convencer al personal de que este es un gran equipo destrozado por la negligencia de Simeone, adelante. Cambien al Cholo. Traigan a otro que lo haga mejor. A mí me parece que el tipo se puede pasar los próximos veinte años sentado sobre su dignidad, porque no tiene que demostrarle nada a nadie. No hay temporada que el Atleti no juegue a llenarse de chapapote y no hay campaña que Simeone no haya sabido enderezar la nave, pero si alguien duda, ahora es el momento. Hablen ahora o callen para siempre. Los goles no se merecen, se marcan. Y el liderato no se discute. Se sigue o no se sigue. A estas alturas de la vida, son muchos los que ya se han bajado, en marcha, del barco de Simeone, al que algunos ya califican como "terrorista" del banquillo. Quién sabe si dentro de unos meses, si el equipo encuentra el gol, volverán a abordarlo para decir que nunca dejaron de creer en un entrenador que cambió la historia de su club. Al fondo habrá sitio, por supuesto. Al fondo siempre hay sitio en el Atleti. Pero que nadie se engañe: quizá entonces sea demasiado tarde.

Rubén Uría

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