
A ropa, que hay poca. Con el sí del jugador desde que ‘Marca’ anunció la noticia – aunque se dijo que el Bayern pagaría su cláusula en invierno y no fue así-, el Atleti desactivó la bomba y quiso frenar la onda expansiva, emplazando al Bayern a un traspaso futuro, una venta pactada, de mutuo acuerdo entre clubes, por el importe de la cláusula – que no es lo mismo que pagar la cláusula porque no son lo mismo dos pelotas negras que dos negras en pelotas-, algo que ha sido, por voluntad de Lucas Hernández y de ambos clubes, el final del cuento. Habrá quien sostenga que es lo que suele pasar en un club que no pone cláusulas de rescisión, sino PVP – previo de venta al público para animar al comprador y coger la mortadela-, y habrá quien sea más feliz sosteniendo que el Atleti le ofreció un contrato con más dinero que el francés decidió rechazar de plano, porque ya había empeñado su palabra. Sea como fuere, el orden de los factores no altera el producto: Hasta luego, Lucas.
Del jugador, poco que decir: es un canterano formado en el club, un extraordinario defensa, uno de los mejores de Europa, un campeón del mundo y un central de época. Deja un buen boquete por rellenar y como ha querido irse, por los motivos que sean, sólo queda agradecerle su rendimiento y decirle adiós. Ni un reproche, ni cariño. Asumido y procesado, aparecen en el horizonte una certeza y dos hechos inopinables: Uno, desde que Simeone es entrenador de este club, ha sabido reinventarse siempre y seguir reconstruyendo un buen equipo: pasó con Courtois, con Filipe, con Arda, con Falcao y con Costa. Dos, desde que Simeone llegó al club, no ha habido un solo jugador que haya salido del Atleti y haya rendido mejor lejos del Cholo que a su lado. ¿La certeza? El Atleti requiere, necesita y exige jugadores que quieran estar en el Atleti. Y su afición no merece otra cosa. Y el que no quiera vestir la rojiblanca, por las motivaciones que se sean, dinero, títulos, hastío, nuevos horizontes, sobra. Dramas, cero. Como lleva diciendo una vida mi querida María José Navarro: “ No todo el mundo puede ser Gabi”.
Simeone, el único imprescindible y la única autoridad moral en ese club, sigue. El futuro está en buenas manos y nadie como él sabe reinventarse. Lo hizo de La Nada y lleva haciéndolo siete temporadas completas. El futuro no pasa por lamentarse, sino por buscar jugadores que quieran vestir la camiseta del Atleti y cuidar a los que siguen honrándola. Mientras siga Simeone, salga quien salga, eso está garantizado. Eso y no otra cosa es lo que exige y merece la gente del Atleti. Entre otras cosas, porque ese es el gran activo y patrimonio colchonero que nunca sale de estampida. La afición del Atleti no se vende, no se traspasa y tampoco tiene cláusula de rescisión. Esa se queda. Y se merece, por su fidelidad, jugadores que quieran jugar en el Atleti.
Rubén Uría




