Joao Felix Atletico Man Utd 2022Getty

Volver a creer

En fútbol profesional, ganar es lo que cuenta. O en palabras de Diego Pablo Simeone, “ganar no es lo importante, es lo único”. El Atleti no ganó al todopoderoso United y no se pudo ir a dormir satisfecho por su esfuerzo, pero en cambio, sus aficionados sí. ¿Por qué? Sencillamente porque hubo jugadores de ese vestuario que lograron lo que es más difícil en el fútbol: transformar la desconfianza en reconocimiento y los pitos en aplausos. La gente pedía un Atleti competitivo y eso, a pesar del resultado, sucedió. Los que siguen pensando que el Cholo es su pastor y con él nada les falta, volvieron a ver reflejada la personalidad del entrenador en el equipo; los que llevan meses pidiendo un equipo que compita se reencontraron con ese equipo; y porque los que pensaban que una alineación de circunstancias resucitaría a varios jugadores, estaban en lo cierto.

Savic fue el de siempre, ese central feo, fuerte y formal por cuyos dominios no pasa ni la humedad. Lodi fue un puñal desde el costado y fue un trueno al espacio. Herrera lideró al equipo, distribuyó con criterio, no perdió balones, ganó duelos y sostuvo el mediocampo como un mariscal. Lo que podría haber sido el mexicano en territorio Atleti con tres años menos. Kondogbia, discutido por parte de la grada y considerado una medianía por la crítica, agrandó su figura, hizo gala de su tremenda exuberancia física, robó decenas de balones, se comió al United y pese a algún que otro fallo en la entrega, fue el pulmón del equipo con una actuación memorable. Para todo lo demás se bastaron Angelito Correa y Joao Félix.

El argentino, entre arabescos, pisaditas y fintas, volvió a estar sobresaliente. El portugués, en la que puede ser una de sus mejores ‘perfomance’ con la rojiblanca, hizo el partido que la afición le pedía. Se puso al equipo a la espalda, tuvo personalidad, dijo “aquí estoy yo”, descorchó el partido con un cabezazo brutal, desarmó a los ingleses, dejó dos arrancadas de museo y volvió a evidenciar que lo suyo, como ya se sabía, es “puro talento”. Por cierto, pegarle sigue siendo gratis. Cada vez que controla, gira y encara, le cae un palo. Anoche se vio al mejor Joao. Al que necesita el equipo, al que es indiscutible cuando juega así, al chaval que puede marcar una época si quiere, y al que se le exige ser un jugador determinante. Anoche lo fue. Que dure, porque es demasiado bueno como para que el Atleti no lo aproveche.

El final del cuento no fue feliz porque, en asuntos colchoneros, la vida siempre te pone un Elanga en el camino. Un disparo a portería, un gol. Cristiano, que cinco veces se ha cruzado con el Atleti y cinco veces le ha vacunado, ayer fue un alma en pena. Mejor así, porque el veredicto final será en Old Trafford. Allí tendrá que dar la cara un Atleti que, por fin, compitió, tuvo raza, entrega, pelea y por fases, momentos de buen fútbol. Simeone, que sabía que ya tenían su esquela escrita y lista para publicar, fue contundente: “Este es el camino”. Para algunos, eso no es nada. Para otros, lo es todo. El verbo clave es creer. Y la actitud, volver a creer.

Rubén Uría



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