Ruben Uria BlogGoal

Valencia CF ¿Y ahora, qué?

Hace 13 meses, el Valencia CF volvía a conquistar un título tras once años de sequía. Derrotaba en una gran final al Barça de Messi y su afición se sentía orgullosa de un proyecto que destilaba estabilidad, seriedad y coherencia. Mateu gestionaba, Marcelino lideraba y el vestuario competía. Todo saltó por los aires cuando un dueño caprichoso, apoyado en su regla de oro – quien paga, manda-, tuvo un ataque de celos y decidió manosear su juguete, arrogándose al derecho a maltratarlo, abandonarlo o destriparlo, porque lo había pagado. Echó al mejor entrenador que podría tener ese club, uno que heredó una banda y devolvió un campeón, despidiéndole por no plegarse a la propiedad, por querer competir la Copa que ganó, por no poner precio a su dignidad, por hablar de cangrejos y por defender a su vestuario. Como no tenía suficiente con eso, el dueño también largó, sin explicación – quien paga, manda-, al gestor que reactivó su negocio, que aplicó sentido común, que dio la cara por el club siempre y que articuló un discurso creíble.

Destripado el negocio, destrozado el trabajo y pisoteado todo lo edificado, el proyecto volvió a la naturaleza habitual de Peter Lim: había que cambiar todo para que nada cambiase. Dejó como presidente a un ejecutivo que sigue en su cargo pese a mofarse de sus aficionados, contrató un entrenador novato al que le quedaba el club tan grande como a Pizzi el traje de su presentación, volvió a echarse en brazos de su agente de cabecera para los fichajes, dejó claro que los entrenadores que contrata deben ser funcionarios obedientes y se retiró a sus cuarteles de invierno, haciendo saber que no haría un ERTE que, finalmente, sí acabó llevando a cabo. ¿Qué podía salir mal?

Hoy club está agrietado, la plantilla es un polvorín, el entrenador está listo de papeles y jugar la Champions es una quimera. Salvo milagro, Albert Celades durará en el banquillo lo mismo que dura un caramelo en la puerta de un colegio. Y cuando sea despedido, el Valencia será el segundo club de las cinco grandes ligas de Europa con más entrenadores en cinco años, sólo superado por el Udinese. Peter Lim ya ha sentado a ocho tipos en su silla eléctrica. Cuando caiga Celades, a cuyo barco se subieron, hasta los topes, los lacayos del poder, Peter aplicará su protocolo habitual: "Que pase el siguiente". Será un funcionario obediente, capaz de asumir que el dueño tiene derecho a manosear su juguete, maltratarlo o destriparlo, a la carta. Todo volverá a la casilla de salida y Singapur ejecutará, de nuevo, su plan maestro: cambiar nada, para que nada cambie.Alguien debería explicar a Peter Lim que su dinero puede comprar las acciones del club, pero no puede comprar los sentimientos de una afición harta de ver cómo pisotean su escudo.

¿Y ahora, qué? Pues ahora, que el dueño vuelva a hacer lo que le de la gana con su juguete. Ahora, que se vuelva a autoentrevistar el presidente. Ahora, que sigan tratando de callar las voces discordantes de las radios locales. Ahora, que sigan proliferando comunicados kafkianos. Ahora, que sigan prometiendo renovaciones que no ejecutan. Ahora, que sigan haciendo negocios con la conexión de siempre, de Setúbal a Lisboa. Ahora, que hablen los que decían que sin Marcelino todo iría mejor. Ahora ,que rajen por los codos los que aplaudieron la salida de Mateu. Ahora, que den lecciones de dignidad los tragasables mediáticos de la propiedad. Ahora, que los aficionados piensen qué futuro quieren para su club. Aquí no pasa nada. Y si pasa, se le saluda. 

Rubén Uría

Anuncios

ENJOYED THIS STORY?

Add GOAL.com as a preferred source on Google to see more of our reporting

0