Boca River Superliga Jonatan Maidana Dario Benedetto 230918Getty

Una cuestión de actitud: River ganó el clásico del carácter

River ganó el Superclásico desde el resultado, pero para eso lo ganó antes en todos los demás aspectos: se impuso desde lo táctico, desde lo futbolístico, desde el banco de suplentes . Y también desde la actitud: el Millonario salió a jugar a La Bombonera con muchísimo carácter y, al igual que había sucedido en la revancha contra Racing en la Copa Libertadores, pasó por encima a su rival a pura personalidad.

La diferencia de ímpetu de uno y otro se vio desde el arranque: el equipo de Marcelo Gallardo se paró en la cancha del rival de toda la vida como si fuera la propia. Enchufado, se plantó en campo rival, ahogó a cada jugador del Xeneize apenas recibía la pelota y tuvo a cada jugador dispuesto a ponerse en posiciones de ataque apenas recuperaba la posesión. Así, de hecho, llegó el primer gol del partido: presión en la mitad de la cancha, aceleración con superioridad numérica y la cuota de suerte necesaria para que la bola le cayera justa para el botín zurdo de Gonzalo Martínez. Tan conectado estaba el visitante que ni siquiera la salida del Pity, que venía teniendo un partido que apuntaba a ser de esos que quedan en la memoria, lo sacó de su plan de juego.

Del otro lado, el conjunto de Guillermo Barros Schelotto no supo cómo reaccionar ante la actitud de su rival. Entre sorprendido y superado, Boca mostró tanto desconcierto como el que partía desde el banco de suplentes: el ingreso de Edwin Cardona por el lesionado Leonardo Jara fue la muestra más cabal de lo mal que había leído el encuentro en la previa. Y el codazo que pegó el colombiano cuando no llevaba 5 minutos en la cancha dejó en claro que el local estaba completamente desbordado.

Recién cuando pasó el entretiempo pareció entender el Xeneize lo que se estaba jugando: en el arranque del complemento, el conjunto de la Ribera salió a imponer sus condiciones y estuvo cerca de logar el empate. Y entonces, apareció nuevamente el temple de un River que se bancó la presión de un rival envalentonado y un estadio que bramaba y, con un par de cambios que llegaron en el momento justo por parte de Gallardo, volvió a encaminar la historia.

Con el gol de Ignacio Scocco quedó la sensación de que el partido estaba terminado, más allá de que quedaban 20 minutos por jugarse. Porque en la cancha había un equipo muy bien plantado y con mentalidad ganadora y otro que fue pura confusión, tanto dentro como fuera de la cancha.

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