Hector David Martinez River Junior Copa Libertadores 28042021Getty Images

Un triunfo donde el ensayo funcionó pero no convenció

El regreso de Matías Suárez tenía olor a solución. Desde que el cordobés se lesionó en la antesala del partido ante Atlético Tucumán por Copa Argentina, a River le faltaba algo. Ni siquiera las victorias ante Colón y Central Córdoba, esta última por goleada, disimulaban la ausencia del 7. Y cuando estaba listo para volver luego de una sinovitis, debió ser aislado por ser contacto estrecho de un caso de Covid y todo volvió a foja cero.

La respuesta de Marcelo Gallardo no fue radical, porque es un esquema por demás trabajado. Pero nadie intuía que, para recibir a Junior en el Monumental, retornaría a la línea de cinco con el regreso del Sicario Rojas por Milton Casco. ¿El objetivo principal? Liberar de responsabilidades defensivas a Montiel y Angeleri para que jueguen casi en el mediocampo, ítem cumplido como casi siempre.

El Millonario ganó como debía. Suma cuatro puntos en el grupo D, que encabeza junto a Fluminense. Dominó, como ya es usual. Ahora bien: las carencias de las últimas semanas estuvieron tan presentes como ante Racing, Arsenal, San Lorenzo y el propio Flu. Una posesión excesiva, una efectividad bajísima y un partido que se abre de forma casi fortuita, con un centro cruzado que encontró David Martínez.

En torno al esquema, hay una cuestión que no termina de convencer: con tres zagueros, la salida sigue siendo de Enzo Pérez. Y está bien  porque no hay en el fútbol argentino un jugador con su panorama. Pero tener tres jugadores por detrás significa, de mínima, uno menos adelante. Y como ni Díaz, ni Rojas ni Martínez tienen el lugar asegurado, especialmente con Maidana y Pinola afuera, eligen no arriesgar para no equivocarse.

Si hay alguien que extraña a Suárez es Rafael Santos Borré. El colombiano continúa casi desconectado del juego, sin su socio abastecedor. Porque Álvarez, que intenta ser segunda punta y sumó el poder de la asistencia a su juego, tiene alma de goleador y así puso el segundo. Tal vez, lo mejor de la noche, haya sido el ingreso de Carrascal, un soplo de aire fresco con cambios de ritmo que rompieron la monotonía de la noche de Núñez.

River ganó casi por inercia, por su abrumadora superioridad que a veces le cuesta traducir en lo que importa. 

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