Un camino sin retorno: de la Superliga a la Infranada

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Ruben Uría Blog

El fútbol, tal y como lo conocemos, está a punto de morir. O al menos, su alma. El nuevo fútbol mundial establecerá un cordón sanitario entre ricos y pobres. O si quieren, entre ricos y menos ricos. La FIFA ha decidido aprobar su nuevo Mundial de Clubes -más clubes, más partidos, más dinero en premios-, sin la bendición de la UEFA y la UEFA negocia con la ECA cómo será el futuro de la nueva Champions – más clubes, más partidos, más dinero-, bajo las amenazas de ese proyecto de barra de bar a las cinco de la mañana – Tebas dixit-, que sería la dichosa Superliga. El poder, en los despachos. El objetivo, el dinero. Los clubes, ansiosos. El calendario, saturado. Los aficionados, contra las cuerdas. Y el plan, cambiar todo para que nada cambie. El revisionismo perpetuo de la industria del balón se mueve por un único principio: reinventar el árbol del dinero para contentar los caprichos de los clubes más ricos, que sólo tienen un único objetivo: seguir siéndolo, pese a quien pese, asegurándose la mejor parte de una tarta que no quieren compartir con nadie, arrogándose el derecho a mandar en un deporte que no les pertenece, por mucho que hayan ganado y mucho que tengan por ganar. El revisionismo del fútbol tiene esta semana su punto álgido en Amsterdam, en la asamblea general de la ECA. Van a revisar sus acuerdos con la UEFA y tendrán que decidir si los clubes más ricos impulsan su proyecto de Superliga – en su día ya lo denunció Football Leaks- o si son permeables a las recomendaciones de la UEFA, que asustada por el chantaje moral de las locomotoras del fútbol continental, promete resetear el formato de su Champions y adaptarlo para goce y disfrute de los clubes más ricos.

Algunos ejecutivos dicen, entusiasmados, que se avecinan tiempos de cambio y prosperidad. Mienten como bellacos. Lo que está por venir es cambiar todo para que nada cambie. Una competición cerrada, con participantes con derecho a veto futuro y calendario los fines de semana garantiza que se conseguirá el gran sueño de Real Madrid, Juventus o Bayern: que la brecha entre ricos y pobres sea cada vez mayor y que las ligas nacionales se desprestigien, pasando a ser un relleno anecdótico, no un torneo elevado a categoría. El nuevo orden que se pretende impulsar engordaría la cuenta de ceros de Madrid, Barça, Atleti, Milan, Inter, Juve, Bayern, City o PSG, pero acabaría asesinando, a sangre fría, a todos los clubes que no tienen su poder en los despachos. Está por ver si los ingleses, acérrimos defensores de su competición doméstica – por tradición y por el dinero que generan en sus ligas-, están por la labor de tragar y pasar por el aro para jugar una Superliga o una nueva Champions los fines de semana. Poderoso caballero es Don Dinero.

Cabe imaginarse el futuro de las ligas nacionales, condenadas a ser segundo plato del menú del día de la ECA, veremos si amparado por la UEFA, que un día soporta la presión y al siguiente, se postra a los pies de los que le amenazan el negocio. Bien me quieres, bien te quiero, pero no me toques el dinero. En contra, un calendario saturado. A favor, un río de millones para satisfacer los egos y las cuentas de los que, realmente, mandan en este circo. El cambio es trascendental: no importa el formato del nuevo torneo, sino quién va a sobrevivir y quién se va a morir. Si los clubes más poderosos de la ECA imponen su hoja de ruta, jugarán los fines de semana. Y entonces, las ligas nacionales europeas serán un producto devaluado, de segunda mano. Y los clubes que no entren en el coto privado de los ricos, serán carne de horca. Simples comparsas en los primeros años y en los siguientes, donantes de órganos en el mercado, filiales para los ricos, caladeros para que los que más tienen sigan teniendo todavía más. Sevilla, Valencia, Athletic, Real Sociedad, Betis, Celta o Villarreal están amenazados. Algunos pelearán con uñas y dientes para no ser el último cachorro en llegar a la teta de la madre. Otros morirán. Y sus canteras, desaparecerán. La pelea por sobrevivir será descarnada y la honda de la bomba de la Superliga, será expansiva: Cagliari, Fiorentina, Parma, Atalanta, Torino o Sampdoria; Nantes, Auxerre o Girondins; Schalke, Werder Bremen, Stuttgart o Wolfsburgo; Partizán, Estrella Roja, Feyenoord, Roda, Groningen o Vitesse; todos quedarán expuestos. Si no tienen ingresos de primera, serán ciudadanos de segunda. Resistir o morir. En juego, el equilibrio mundial del fútbol. Bajo la lluvia de millones, se esconde un futuro futbolístico infame: una pelota convertida en el Monopoly. Unos vivirán en la Superliga. Otros en la Infraliga. Otros no tendrán nada. Es un camino sin retorno: de la Supertodo a la Infranada.

Rubén Uría

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