Cristiano Ronaldo Manchester UnitedGetty Images

Un diablo rojo sin tridente

Eran mediados del mes de agosto y, aunque parezca mentira, lucía el sol en Inglaterra. La Premier League había empezado un viernes noche en Londres con una derrota del Arsenal frente al Brentford. Y el sábado por la mañana traía el debut del Manchester United ante el Leeds. Un clásico del fútbol inglés con atención global.

Había un clima de optimismo y positivismo como hacía años que no se recordaba en Old Trafford. Uno de los jugadores de más proyección en el fútbol inglés, Jadon Sancho, se unía a los Red Devils. Y Raphael Varane, uno de los centrales más contrastados del panorama europeo y cuatro veces campeón de Europa, dejaba el Real Madrid para llegar a Mánchester. Los presagios eran fantásticos.

Por si fuera poco, aquel día, el entonces equipo de Solskjaer arrasó al Leeds sin ninguna condescendencia mostrando una impronta de poderío y solidez a Inglaterra, y, en consecuencia, a todo el mundo. Y todavía no habían arrebatado a Cristiano Ronaldo al Manchester City en el último día de mercado. El verano era maravilloso. E incluso Pogba rendía.

Pero según se fue acercando el equinoccio de otoño la realidad empezó a aparecer. Los días eran más cortos, y las grietas del equipo más evidentes. Desde el cambio de estación, el Manchester United ha ganado uno de sus siete últimos partidos en la Premier League (al Tottenham) hasta la llegada del último parón de selecciones. Entre medias, dos derrotas bochornosas frente al Liverpool y el Manchester City, otras dos sonoras ante Aston Villa,Watford y Leicester City y un insípido empate frente al Everton. Por si fuera poco, perdieron en Suiza frente al Young Boys (en la única victoria del equipo helvético en la fase de grupos de la UEFA Champions League) y fueron eliminados a las primeras de cambio en la Copa de la Liga frente al West Ham. ¿Resultado de la suma? El entrenador a la oficina de empleo.

La moneda sí cayó de cara para los mancunianos en Europa. Ante la Atalanta Bérgamo han sido capaces de rascar cuatro puntos (tres en casa y uno fuera) en los últimos minutos. Al igual que consiguieron la victoria ante el Villarreal en el norte de Inglaterra cuando decidió Cristiano en el noventa y cuatro.

Ahora, el Submarino Amarillo está ante la oportunidad perfecta de devolverle el zarpazo al conjunto inglés. Un equipo endeble en confianza, anodino en el juego y con menos estabilidad que Royston Drenthe. De ganar los de Unai Emery, tendrían un pie y medio en los octavos de final de la Liga de Campeones. Lo cual subsanaría la mediocre temporada en liga. Y el United llega con Carrick de entrenador interino para intentar salvar los muebles. Si es que queda alguno.

A su favor están la falta de sincronía en el ataque del equipo inglés o la de solidez atrás. En el apartado ofensivo, la llegada de Cristiano ha garantizado gol con regularidad. Pero ha desestabilizado la química entre otros componentes de la delantera y la mediapunta.

Bruno Fernandes ha perdido influencia en el engranaje general, Rashfordparece más un símbolo político que un jugador de nivel del Manchester United, Mason Greenwood (baja por COVID) se ha ido diluyendo con el paso de las semanas y Pogba ha vuelto a ser el Pogba de los últimos cuatro años. Un jugador de mucha fanfarria y talento, y nulo esfuerzo. Sin duda, Cristiano ha sido un plus en efectividad y prestigio, pero sus efectos secundarios también son latentes. Por si fuera poco, la garra de Cavani ha quedado relegada a un papel residual (aunque uruguayo y portugués hicieron dupla en la sorprendente victoria frente al Tottenham).

Y atrás, el fichaje de Varane, hasta el momento, no ha tenido el impacto esperado. Ni el buen hacer de De Gea (en una temporada de resurrección hasta el despróposito generalizado de las últimas semanas), ni el infravalorado Lindelof han podido subsanar el espanto de Maguire (expulsado el sábado frente al Watford como culmen de la falta de rendimiento) y la falta de adaptación del francés (más alguna lesión). Con este panorama tan adverso a nivel contextual, y estas carencias a nivel táctico, si el Villarreal tiene el atrevimiento y la capacidad de maniatar el talento individual de los Red Devils, tendrán todas las papeletas para sacar el partido adelante.

Un equipo de muchas estrellas (Ronaldo, Fernandes, De Gea) y de muchos estrellados (Pogba, Van de Beek, Maguire o el desaparecido Sancho). El equipo de Old Trafford en verano parecía un equipo de videojuego y ha terminado por convertir El Teatro de los Sueños en una pesadilla. El invierno se ha adelantado para el Manchester United y el Villarreal puede ser una nueva tempestad.

Anuncios
0