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"Tú racista, no vengas al fútbol"

8:00 GMT-5 13/10/19
NO TO RACISM UEFA JUVENTUS TURIN 10212015

OPINIÓN

En los últimos años, los que amamos el cine, hemos tenido un amplio repertorio de películas que acercaban, más que nunca, un problema instalado en la sociedad de manera perenne. En Loving, Joel Edgerton y Ruth Negga, eran una adorable pareja de Virgina en los años 50 que, enamorados aunque sin recursos, pretenden gestionar su futuro en pro de la felicidad de quien encontró a su ser querido. Mientras Estados Unidos competía contra Rusia por llevar al hombre al espacio, la NASA descubrió el talento oculto de un grupo de mujeres matemáticas, Taraji Henson, Octavia Spencer y Janelle Monáe, que acabaron siendo el verdadero cerebro de una misión clave para la historia, tal como cuenta ‘Figuras Ocultas’. E incluso dos de las últimas premiadas con el Oscar a la Mejor Película estos años, se centraron en la relación entre un peculiar pianista y su guardaespaldas (Green Book), y en el retrato vital de un chico en los suburbios de Miami (Moonlight), siempre con apariciones del gran Mahershala Ali.

Pues bien, salvo que ustedes sean grandes cinéfilos y conozcan la naturaleza de estas obras del séptimo arte, no sabrán aun cuál es ese tumor que se extiende sin control por cualquier tentáculo de nuestra vida. Aquellos hombres, mujeres, parejas, jóvenes y hasta ancianos que estas películas acercaban a nuestros ojos, mostraban el enfoque de quien vive al otro lado del que lo sufre, lo escucha, lo siente y lo detesta porque forma parte de su mentalidad diaria. Todos lograron su gloria en la gran pantalla por ser protagonistas de una de las sandeces del ser humano (que no encuentra sino excusas como el cine para tener que mostrar su lamentable aunque realista actitud), su incapacidad para observar, rechazar y penalizar el RACISMO. El cine, lo intenta. El fútbol, lo banaliza.

"No veo en la liga italiana a un jugador como Lukaku en ningún equipo. Es uno de los más fuertes y me gusta mucho. Estos jugadores tienen algo más que los demás, estos son los muchachos que hacen los goles y arrastran al equipo. Si van uno contra uno contigo, estás muerto, caes al suelo. La única forma de superarlo es dándole diez plátanos para comer".

Reléanlo si pueden, que va a ser aun más asqueroso, pero necesario. Esas palabras son ciertas, no son producto de ninguna ficción artística o invención literaria, sino que proceden de la boca (y aunque parezca mentira, la cabeza también), de Luciano Passirani, que dice ser periodista futbolístico y que, nada más verter semejante blasfemia en tv, intentó limitar su comentario y asegurar que era una broma. "El señor Passirani tiene 80 años y para felicitar a Lukaku utilizó una metáfora que resultó ser racista", dijo minutos después el director del canal televisivo, Fabio Ravezzani que, al menos, confirmó que no volverá a aparecer en cámara. Aunque sí representa un paso para sancionar este tipo de mentalidades (cuesta incluso darle un nombre racional), defender que su edad es lo que lleva a una persona a tener ese tipo de opiniones, parece incluso más disparatado pues el racismo fue, y es, una muestra de insensatez y aturdimiento intelectual del ser humano y eso no depende de la edad. Un racista tiene igual 8 años que 80. Y hay que mostrar el mismo camino hacia la reflexión al de 8 que al de 80. No hay indulto.

Ese comentario televisivo a ojos de todo el planeta, lanzaba un ataque directo hacia un futbolista, en este caso Lukaku que, como antes pasó con muchísimos otros (me vienen a la cabeza Boateng, Balotelli o Kean sin tener que pensar demasiado), había recibido justo días antes una constante retahíla de ‘hits racistas’ en las gradas del estadio del Cagliari, cuyos seguidores más radicales son quienes repiten este tipo de actos repudiables con extrema regularidad. Lo más brutal y, a la vez, lo más impactante desde un enfoque de buscar solución, es que los propios radicales del equipo de Lukaku, los del Inter, lanzaron un mensaje en Facebook asegurando que tales cánticos “no eran racistas, sino maneras de animar a su propio club para buscar la victoria”. Sí, evidentemente, intentar que estos inadaptados que se suman al fútbol con la única misión de lanzar sus mensajes en un contexto de mayor foco, sean capaces de analizar y asumir lo escandaloso de sus palabras, no es el camino. Pero desde luego, la senda debería llevar la firma del repudio desde todos los estamentos, algo que no acaba de ser una realidad, lo que conlleva que ese tipo de pensamientos acabe por calar en cualquier rango de nuestra sociedad.

No se trata de centrarlo en Italia y su fútbol porque es algo que escandaliza y sucede de igual manera en España, Alemania, Polonia, Turquía… pero hace unos meses, en una charla sincera, el actual entrenador interista, Antonio Conte, aseguraba que en su estancia en Inglaterra, había sentido un trato mucho más eficiente para destruir el racismo en el fútbol: “Si sucede algo así allí, meten en la cárcel a los dos o tres responsables. Aquí, se va al estadio a insultar”, aseguró sin tapujos.

Nadie escapa a las actitudes racistas en cada uno de los pasajes de nuestra vida, pero el fútbol, rincón de sentimientos, epicentro de reivindicación y amuleto contra las desigualdades, sigue sin ser capaz de erradicar un mal endémico instalado como un veneno maldito en el interior de cada humano. Así lo catalogó Samuel Etoo que, ya hace tiempo, no sólo vivió este tipo de capítulos en los terrenos de juego, sino que lanzó varias frases para impulsar esa lucha: “Correré como un negro para vivir como un blanco”. Hoy, recién retirado, parece más empeñado aun en dejar su sello, tan negro como se le permita, en el fútbol y si ya no lo hará marcando goles, sí pretende hacerlo siendo quien otorgue las ideas para hacerlos posible. 

Etoo me hizo recordar un reportaje que hace un tiempo quería llevar a cabo, el de recapitular a los entrenadores de raza negra que han triunfado en el fútbol. Tardaría un segundo en hacer ese reportaje porque, claro, este fútbol moderno que tiene todo de vanguardista en su imagen pero todo de surrealista bajo el capó, no otorga posibilidades en banquillos a quienes tengan ideas técnicas de diferente raza de lo habitual (sólo me sale, quizás, Chris Hughton en la Premier, y para muchos, no sería considerado de raza negra). "Se desconfía de los entrenadores negros, somos vistos como seres de segunda clase. Quiero ser el primer entrenador negro que gana la Champions y que aporta ideas diferenciales al fútbol”, destacó el icono camerunés, uno de esos epicentros de revolución por la igualdad, cada vez que abre la boca. La realidad nos dicta que no sirve uno, se necesitan miles. Empieza por ti. Hazlo ya. Si escuchas un insulto, acusa. Si oyes un ataque, alecciona. No queremos distinción entre colores. Sólo queremos fútbol. ¿O tenemos que inventarnos una película?